Hay cierres que duelen, especialmente cuando se trata de esos lugares que forman parte de nuestra rutina y de nuestros momentos felices. Por eso, cuando me enteré de que Heladería Mingos reabría sus puertas tras varios años de ausencia, supe que tenía que ser de los primeros en volver. Entrar de nuevo al local fue como reencontrarse con un vieja amiga. Aunque se nota un poco que ha sido renovada, Mingos mantiene esa esencia que la hizo especial antes de cerrar. Ese aroma a barquillo recién hecho y la vista de la vitrina llena de colores te transportan inmediatamente a los buenos tiempos.