Aprovechamos que estábamos entregando unos pedidos para detenernos un momento a admirar este árbol; estaba cargado de flores y se veía increíble. Fue el descanso perfecto en medio del ajetreo del trabajo. Para cerrar la jornada con broche de oro, nos compramos un helado de chocolate y disfrutamos de la tarde antes de terminar de cumplir con los compromisos del día. Unos minutos de relax que caen de maravilla.