A veces nos pasamos la vida esperando que el mundo nos regale flores, hasta que entendemos que el jardín más importante es el que cultivamos en nuestro interior. Este año que decidido priorizar más mi relación con Dios, Él es la fuente de vida. Por otra parte, debo decir que florecer no es un proceso lineal ni rápido. Tiene sus inviernos, sus días de lluvia y esos momentos de silencio donde parece que nada crece. Pero es precisamente en esos momentos difíciles donde Dios nos forma.