Como una de las tantas aventura de Julio Verne
tu amor me ha llenado la vida de tantas alegrías,
sin saber a qué bosque quieres hoy que me interne,
siempre a la expectativa, todos y cada uno de mis días.
Mi Gabriel García Márquez con su Macondo,
has creado un lugar tan lleno de fantasías,
capaz de convencerme que el mundo es cuadrado y no redondo,
que los días son noches y las noches son días.
Totalmente domesticado como la historia de aquel zorro
en el que el principito dedicó tantas horas de sus días,
Por nada del mundo ningún día de nuestra historia borro
y al igual que a su rosa, todos los días de mi vida te cuidaría.
Me propongo a brindarte una vida llena de aventuras,
culminando con Cervantes esta bella analogía
y es que como aquel Hidalgo en sus cuerdas locuras,
espero mi amada Dulcinea que tu alma sea mía, solo mía.