Quienes han leído El Conde de Montecristo,Los Miserables, Memorias de un Venezolano en la Decadencia, Papillón, Se llamaba SN, Guasina, Puros Hombres, La Fuga Espectacular del siglo, Memorias de Lecumberry, Reten de Catia, El Asesino de la Linterna Roja y A Sangre Fría; todos son géneros de literatura carcelaria, que por motivos diferentes, han sido escritos dejando para la posteridad la confidencia, la confesión y el documento de lo que es la vida carcelaria y sus características intrínsecas. Deseo que mis lectores, sino han conocido dichas publicaciones, se aboquen a buscarlas y leerlas con la fruición que dan las buenas lecturas. En el caso de El Conde de Montecristo y Los Miserables, hallarán, mas que pasar el tiempo, un inconmensurable desfile de emociones, descripciones y narrativa de alto vuelo y estética. Por lo general hay un cognomento especifico que es la inocencia de todos los personajes principales que van detenidos y apresados con sus condenas a cuestas. En el caso de Papillón, una fuga desde la isla de Cayena en la Guayana Francesa, casi como una copia del Conde de Montecristo y la complicidad de el abate de Farias. Hubo un escritor , Vicente Medina que decodificó e hizo un análisis hermenéutico de dicha obra y llegó a la conclusión que Charriere no lo escribió y que mas bien era la vida y fuga de Pierre Rene Delofre; personaje éste que hizo comer bien a Caracas el siglo pasado en sus primeras décadas. La Fuga de Carlos Contreras de una cárcel de México es otra cosa. En el caso de Memorias de un Venezolano en la Decadencia de José Rafael Pocaterra, obra documental de los padecimientos infrahumanos en La Rotunda, cárcel venezolana oprobiosa, propia de regímenes autoritarios como el de Juan Vicente Gómez. En otra ocasión seguiré con esta reseña. Porque llegaremos a Reten de Catia y Lecumberry.