¡Hola!
La semana que viene es mi cumpleaños y estoy acostumbrada a compartir con familiares y amigos esta significativa fecha; no obstante, creo que no voy a poder celebrarlo como pensaba. Mi madre y mi sobrino se quedaron en Venezuela con pasajes comprados, había planificado que me acompañaran este año, pero la contingencia sanitaria no lo permitió. No sé cuál será la política y gestión de la aerolínea respecto a boletos comprados y vuelos suspendidos, lo próximo es mi cumpleaños.
Hace cinco años tuve un cumpleaños sin invitados, mi esposo fue el anfitrión y animador de la emotiva sorpresa. Pasaba por una condición de salud muy particular y no fue pertinente organizar siquiera una reunión con las pocas amistades que tenía, estaba recién llegada a Irlanda y conocía únicamente a la propietaria de la residencia porque había ido referida y fue quien me asistió con el inmueble. Me encontraba en fecha de cumpleaños a miles de kilómetros y horas de vuelo de mi país y familia, así que estaba resignada a pasar la noche sin picar y comer la tradicional torta de cumpleaños.
No tengo muy claro cómo hizo mi esposo para comprar una torta, colocar decenas de velas y darme la sorpresa cuando ya me iba a la cama. Fue muy emocionante, no pude contener las lágrimas. Ahora que estoy en cuarentena y me encuentro en una situación similar, me pregunto si esa explosión de emociones se debió al acto mismo de la sorpresa o al lindo gesto de atención y amor. Lo que recuerdo claramente es la sensación y aceleración de la presión arterial que tuve entonces.
Quise compartir parte del momento que relato, entre las ocurrencias de mi esposo, cuenta haber habilitado una mesita, un florero pequeño y dos sillas; por supuesto, una deliciosa torta que parecía una antorcha de tantas velas que colocó, jajajajajaja...
Las fotografías fueron tomadas con equipo móvil iPhone 6 Plus
Aprecio tu tiempo. Hasta la próxima...