Iniciando la semana, pasando en bus cerca del antiguo liceo donde estudie en mi niñez y adolescencia, observaba los grupos varios de estudiantes que caminaban por el lugar, algunos jugando, otros corriendo, otros simplemente sentados y compartiendo un rato, vinieron a mi recuerdos de aquellos tiempos, de cuando paseaba por esas mismas calles con mi guitarra, listo para empezar el desorden junto a mis compañeros.
Mientras el bus pasaba, pude ver a un par de estudiantes en pose agresiva con respecto a otro mas pequeño, al cual mantenían pegado contra un enrejado que separaba los varios edificios dentro de la institución, todo esto ante la mirada de otros alumnos, los cuales algunos se reían, y adultos, quizás representantes, que indiferentemente caminaban cerca sin siquiera tratar de hacer nada, simplemente evadiendo el escenario y siguiendo su camino sin siquiera volver la vista.
Vinieron recuerdos a mi nuevamente, donde yo era ese chico pequeño pegado de espalda contra la reja, y otros mas grandes me amenazaban por cosas que ya no recuerdo, vinieron a mi recuerdos en los cuales fui agredido, y otros en que años mas adelante, yo mismo fui en cierta manera, el agresor.
Si, sufrí abuso de otras personas que por motivos que aun desconozco buscaban agredirme física o verbalmente, me reprochaba a diario, lo que quizás se reprocha aquel chico contra la reja, "soy pequeño, soy débil, estoy solo". Extrañamente aunque tuviese amigos, estos episodios me daban una sensación de soledad indescriptible, hasta que cierto día, cansado de abusos, recuerdo haberme sentido "rebelde" o algo "loco", deje atrás mi timidez y mi quietud, la euforia me invadió completamente y me enfrente a mis agresores, ya fuera el chico que me pego contra la reja en aquella oportunidad, o aquel que me insultaba, o el que me daba cachetadas por placer, el mas grande del aula.
Desde ese día no permití que me molestaran mas, pero pasado un par de años, cuando ya era mas grande (de edad, mi estatura no me favorece), junto a nuevos "amigos", pase a estar del otro lado de la balanza. Hace poco conversando con mi esposa, (quien publica ricas recetas en esta página) rememore el día en que un compañero y yo dejamos encerrado en una alcantarilla a otro chico que pasaba los días con nosotros, y me sentí pésimo, absurdo e hipócrita, lo que por alguna estúpida razón en aquellos días me causaba gracia, hoy día, ya de adulto y siendo padre de dos hermosos hijos, me causa vergüenza.
Claro, con el tiempo madure y ahora soy una persona tranquila, con mis propios miedos y demonios, con ese pasado parcialmente superado a la cual se suman otras cosas, y como yo, miles y miles de abusados en todo el mundo.
Cada minuto que pasa, cientos de chicos reciben maltratos de parte de otras personas, familiares, amigos o compañeros de clases, marcándolos de por vida, haciéndolos sentir pequeños, débiles y solitarios y quizás, muchos de estos niños, al pasar los años serán los nuevos agresores, transmitiéndole aquellos sentimientos negativos a chicos mas pequeños e inseguros, como lo fuimos muchos, y así la cadena seguirá, el ciclo continuara.
De mis agresores supe mas de un par de ellos, son ahora adultos, con sus propios hijos, he estrechado sus manos dejando atrás todo ese pasado, ciertamente sintieron la misma vergüenza que yo y quieren educar a sus hijos evitando que se sumen a ese ciclo, al igual que mi esposa y yo queremos educar a los nuestros enseñándoles el respeto que deben mantener para todos, y el respeto que deben tenerse, y hacerse tener frente a otros.
De algunos chicos a los cuales agredí también supe, algunos se rieron junto a mi de aquellos tiempos, no me guardan rencor y me disculpe con ellos, varios también tienen hijos y también esta en sus planes educarlos para romper el ciclo.
Personalmente no me siento orgulloso de lo que hice en un pasado, ni tampoco de lo que me paso, se que muchos estuvieron en alguno de esos dos lados, o en ambos y se sienten identificados (quizás) y saben que el bullying no es algo para tomarse a la ligera, saben bien que tanto y que tan fuerte puede marcarle y cambiarle la vida a una persona.
Muchas de estas agresiones no quedan en insultos ni empujones solamente, existen casos de jóvenes que han asesinado, voluntaria o accidentalmente a otros jóvenes mientras los atacaban, existen casos de aquellos chicos agredidos que han asesinado a sus agresores, o hasta el extremo de acabar con la vida de aquellos en su camino, como los conocidos tiroteos ocurridos en ciertas escuelas de Norteamérica, como también existen los casos de jóvenes y adultos, que debido al bullying que han sufrido y la depresión tan extrema con la que vivieron, decidieron no mirar atrás y quitarse la vida.
Es hora de romper el ciclo, empezando quizás con el respeto y la educación que debemos transmitir a las futuras generaciones, y dejando tal vez, no un mejor mundo para nuestros hijos, si no mejores hijos para el mundo.
JDQ