Y así, Nöel y El Bardo se abren paso hasta una llanura; similar a aquel terreno que lograba hacer que la nostalgia se apoderara del chico. Pero ya esto no era un problema para él; ya había pasado demasiado en el camino recorrido hasta ahora.
- Inicia el entrenamiento, primero debes entender lo siguiente: En esta dimensión el único límite es ese retorcido cerebrito tuyo, me sorprendes mucho; muchacho. Eres el primero de nuestros estandartes que posee una visión tan parecida a la nuestra… Pero algo estás ocultando, y no soy muy paciente en cuanto a mi curiosidad se trata.- Ya situados en el sitio perfecto, mientras la caminata llegaba a su fin.
-Está bien. ¿Qué debo hacer primero?- Evadiendo todo lo que no fuese puntualmente sobre el entrenamiento, Nöel intenta pasar por alto el resto de palabras. - En ocasiones logras ser un poco irritante, ¿lo sabías?- Replica El Bardo, asediando aquella actitud esquiva de Nöel.
- Sólo no quiero hablar de otra cosa, necesito digerir totalmente esto antes de concentrarme en otra cosa. Perdona que sea tan reticente en estos momentos.-
- Mientras más dolor guardes será mucho peor el resultado, es necesario conocer cada porción de ti; para ambos, tanto tú como yo… Por ahora centrémonos en lo que nos atañe actualmente- Un poco preocupado por el muchacho y su “misión sagrada”, El Bardo perdido en sus ideas luego de responder a Nöel al fin entiende; está empatizando con el chico. ¿Acaso el mandato se verá comprometido?