Se nos ha enseñado desde que somos niños y lo hemos aprendido, algunos a golpe y porrazo y otros de manera menos traumática, sobre todo en Venezuela, que _debemos arroparnos hasta donde nos alcance la cobija;_ y ésto desde mi punto de vista podemos entenderlo de dos formas, según sea tu perspectivas y expectativas ante la vida. Una de las formas de traducirlo, "hacernos pensar que no deberíamos desear o aspirar más de lo que tenemos y que estamos bien en la forma que vivimos", la otra forma de ver este dicho popular es que "sin importar nuestra actual situación, necesitamos estar tranquilos y hacer lo posible, sin que esto nos cause estrés, por estar mejor"
Como yo lo veo el primer punto de vista refleja a aquellos quienes encuentran rápidamente comodidad en su situación o aún sin estar cómodos, no se atreven a buscar lo que realmente les hace sentir bien, sino que por el contrario, se quedan esperando que las cosas cambien por sí solas, a estos les conozco como "conformistas".
Por otro lado se encuentran aquellos que si bien no se sienten a gusto con su actual situación tampoco viven quejándose ni haciendo una calamidad da cada cosa que les sucede sino que trabajan en pro del cambio que quieren para sus vidas. Son aquellos que están conformes con su realidad sin pretender adaptarse a la misma.
Se que que es ilusorio pensar que todos lograremos alcanzar lo que deseamos, eso muchas veces no solo depnde de nosotros, hay factores externos que no podemos manejar;sin embargo, el trazarnos objetivos de corto y mediano alcance podría ubicarnos más cerca de nuestra meta, de nuestra situación ideal.
No todos pueden ser médicos, maestros, doctores, zapateros o comerciantes, en esto estamos claros. Si por alguna razón no hemos logrado alcanzar nuestro deseo, no significa que la labor que nosotros desempeñemos sea motivo de frustración y reconcomio, está en nosotros dejar de aceptar las cosas con resignación y buscar nuestro bienestar real.
Hay una oración que he leído en muchas ocasiones llamada la "Oración de la Serenidad" y que siento necesario el ajustarla al diario accionar de nuestra vida y es...
Dios, dame la compostura para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo y la sabiduría para reconocer la diferencia entre las dos.
No podemos colocarnos en la posición de "aceptar por el simple hecho de aceptar" todo lo que nos sucede sin entender el por qué hemos llegado hasta allí. No podemos solamente echarle la culpa a Dios y decir, "si así dios lo quiso..." Necesitamos entender que muchas de las circusntancias en las que nos encontramos suceden por nuestra inacción, por dejar que las cosas pasen ante nuestra mirada inerte. Dios nos dio inteligencia y un cerebro con el que podemos planificar y actuar en consecuencia.
Podemos y debemos, por nuestro bien, vivir en humildad siendo conformes con lo que poseemos pero trabajando por lo que queremos y así sentirnos bien con nosotros mismos sabiendo que estamos en las manos de Dios y nuestro futuro está en las nuestras.
Si has llegado hasta aquí, agradezco tu visita y lectura. Hasta una nueva oportunidad