Esta mañana, mientras tomaba café, me dijo que se iba. Que había conocido a alguien. Que era el amor de su vida.
Sonreí, asentí, apreté la taza para que no notara que me temblaban las manos. Le ayudé a hacer las maletas. Le di un beso en la frente cuando cruzó la puerta.
Ahora estoy aquí, sentada en su habitación vacía, respirando el olor que dejó en las paredes. Y pienso en todas las cosas que nunca le dije. En cómo fui yo quien le enseñó a dar los primeros pasos hacia otros brazos. En cómo el primer amor de uno nunca es correspondido.
Porque una madre ama siempre un poquito más.
Créditos: Las fotos son de mi propiedad.