En 1976, el economista e historiador italiano Carlo M. Cipolla publicó un pequeño ensayo que, pese a su tono aparentemente humorístico, terminó convirtiéndose en una de las reflexiones más interesantes sobre el comportamiento humano: Las leyes fundamentales de la estupidez humana.
La tesis de Cipolla es tan sencilla como incómoda:
La estupidez humana no depende de la inteligencia, la educación, el dinero o la posición social.
Y lo más peligroso es que, según Cipolla, solemos subestimar enormemente el daño que puede provocar.
Cipolla propone una definición bastante particular.
Una persona estúpida es aquella que, mediante sus acciones, perjudica a otras personas sin obtener ningún beneficio para sí misma e incluso pudiendo terminar perjudicándose también.
Esto la diferencia de otros comportamientos.
Podemos imaginar cuatro categorías:
| Tipo de persona | Ella misma | Los demás |
|---|---|---|
| 🧠 Inteligente | Gana | Ganan |
| 😇 Ingenua | Pierde | Ganan |
| 🦹 Bandida | Gana | Pierden |
| 🤡 Estúpida | Pierde | Pierden |
La diferencia entre el "bandido" y el estúpido es especialmente interesante.
El bandido perjudica a otros porque espera obtener algo a cambio. Su comportamiento puede ser inmoral, pero existe una lógica detrás de él.
El estúpido, en cambio, puede provocar pérdidas sin obtener absolutamente nada a cambio.
Y precisamente por eso resulta tan difícil de predecir.
Según Cipolla, independientemente de nuestra estimación inicial, probablemente estemos subestimando el número real de personas estúpidas que existen.
Además, hay un problema adicional: una persona que consideramos racional puede comportarse de manera completamente estúpida en determinadas circunstancias.
Por eso no basta con pensar:
"Esta persona parece inteligente, así que seguramente actuará racionalmente."
No necesariamente.
Tener estudios no te hace inmune.
Tener dinero tampoco.
Tener experiencia, poder, prestigio o una posición importante tampoco.
Puedes encontrar comportamientos estúpidos entre personas con poca educación y entre personas con doctorados; entre trabajadores y empresarios; entre personas pobres y personas extremadamente ricas.
La estupidez, para Cipolla, no es una categoría social.
Es una posibilidad permanente del comportamiento humano.
Esta es probablemente la parte más famosa de su modelo.
Cipolla no utiliza "estúpido" simplemente como sinónimo de ignorante, poco inteligente o mal informado.
Lo utiliza para describir el resultado de una acción.
Una persona puede saber perfectamente lo que está haciendo y aun así terminar tomando una decisión que perjudica a todos, incluido ella misma.
Y aquí aparece una idea bastante poderosa:
La inteligencia no consiste simplemente en saber muchas cosas, sino en comprender las consecuencias de nuestras acciones.
Esta es quizás la ley más interesante.
Una persona racional suele asumir que las demás personas también responderán a argumentos racionales.
Por eso, cuando alguien toma una decisión absurda, pensamos:
"Si le explico las consecuencias, lo entenderá."
Pero no siempre funciona así.
El problema aparece cuando intentamos aplicar nuestra propia lógica a alguien cuyo comportamiento no sigue una relación racional entre causa y beneficio.
Y cuanto mayor sea el poder de esa persona, mayor será el problema.
Un individuo que toma malas decisiones puede perjudicarse a sí mismo.
Pero si ese individuo dirige una empresa, una institución o un gobierno, sus decisiones pueden perjudicar a miles o millones de personas.
Aquí Cipolla llega a su conclusión más provocadora.
Una persona que actúa de manera egoísta puede ser perjudicial, pero normalmente existe un objetivo detrás de sus acciones.
Eso permite, al menos en teoría, anticipar su comportamiento, negociar o establecer límites.
Con una persona estúpida la situación es diferente.
Puede provocar pérdidas sin obtener ningún beneficio personal.
Y precisamente por eso puede ser mucho más difícil de controlar.
De ahí la conclusión de Cipolla:
La estupidez puede ser una fuerza más peligrosa que la maldad.
A primera vista, el ensayo parece simplemente una clasificación humorística de los "idiotas" que nos rodean.
Pero su idea es bastante más profunda.
Cipolla está hablando realmente de riesgo humano.
Imaginemos una empresa.
Una persona inteligente encuentra una solución que beneficia a la empresa y a sus compañeros.
Una persona ingenua puede aceptar un sacrificio personal para beneficiar a los demás.
Una persona oportunista puede beneficiarse a sí misma perjudicando a la organización.
Pero una persona estúpida puede tomar una decisión que perjudique a la empresa, perjudique a sus compañeros y termine perjudicándose también ella misma.
Ahora imaginemos que esa persona tiene capacidad para tomar decisiones importantes.
El problema cambia completamente de escala.
Y aquí está, probablemente, la interpretación más interesante del ensayo.
Todos podemos equivocarnos.
Una persona inteligente puede tomar una mala decisión.
Una persona experimentada puede cometer un error.
Una persona informada puede interpretar mal una situación.
Eso no es necesariamente estupidez.
La cuestión está en la relación entre nuestras acciones y sus consecuencias.
La verdadera amenaza aparece cuando alguien puede provocar daño repetidamente sin aprender de sus errores, sin obtener un beneficio que permita entender sus motivaciones y, sobre todo, cuando posee suficiente poder para que sus decisiones afecten a otras personas.
Otro aspecto importante es que Cipolla no necesariamente está diciendo que existan cuatro tipos de seres humanos permanentemente separados.
Una misma persona puede comportarse de manera inteligente en una situación y de manera estúpida en otra.
Podemos tomar decisiones racionales en el trabajo y completamente absurdas en nuestra vida personal.
Podemos aprender de algunos errores y repetir otros.
Por eso, más que una clasificación definitiva de las personas, el modelo puede entenderse como una forma de analizar el comportamiento y sus consecuencias.
Si tuviera que resumir todo el ensayo en una sola idea sería esta:
La estupidez es una fuerza humana universal y difícil de predecir, pero se vuelve especialmente peligrosa cuando una persona incapaz de evaluar las consecuencias de sus actos obtiene suficiente poder para afectar a los demás.
Y quizás esa sea la razón por la que un pequeño ensayo escrito hace décadas continúa resultando tan incómodamente actual.
Porque el problema nunca fue simplemente que existieran personas estúpidas.
El verdadero problema empieza cuando les damos poder.