Una tarde cualquiera, en el ocaso
contemplaré mi vida sin nostalgia.
con avidez, aspiraré la niebla
y me iré simplemente sin apuro.
Libre, por fin, purificada el alma,
acariciando el trigo del camino.
como un ave migrando en el otoño,
deshilando las nubes.
Allí dejaré el mundo y su amargura
hacia el recodo azul de mi destino.
Como si fuera un ángel sin sus alas
desempleado y feliz, sin carga alguna.
Régulo Briceño.
Gracias infinitas por leerme, eso recompensa el sufrimiento que a veces depara concebir un poema, desgarrar un poco el alma.
Saludos, amigos.