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"Todos son iguales", fueron las últimas palabras que salieron de los labios de Leslie mientras empujaba a Bruno al terminar la relación.
Una relación que, por así decirlo, ni siquiera había superado los tres meses, un noviazgo tan fugaz y efímero que parecía no afectarle mucho al jóven de 24 años.
Después de todo se sabía que Leslie era intensa en la mayoría de sus relaciones amorosas, tenía una reputación manchada por las rupturas en tiempo récord; todo aquel que se enamorara de sus bellos ojos claros, sus labios perfilados y su cabello lacio con algunos tintes color gris que resaltaban a sus costados, terminaría su enamoramiento en cuestión de 2 o máximo 3 meses.
Bruno lo tomó con mucha tranquilidad, pensó que lo mejor sería alejarse de quién le había regalado bellos momentos durante muy poco tiempo, hasta que ella descubrió algunos mensajes en su celular y por tal motivo dio por finalizada la relación.
En parte se sentía culpable, pero la escena de celos que Leslie le había hecho en medio de la calle merecía uan despedida urgente, ¿Quien en su sano juicio estaría con alguien que grite de forma tan escandalosa, por unos simples chats?
Llegó a su casa, como de costumbre a revisar sus redes sociales y se dispuso a hablar con la nueva chica que una semana antes de su ruptura había conocido por Internet. Revisaba una a una de las fotos, una joven tan bella y esbelta que empezaba a cautivar el corazón de Bruno.
Los días pasaban sin novedades, las conversaciones entre Bruno y su nueva conquista iban siendo cada vez más y más largas, la confianza aumentaba su tal punto que ya se habían citado para su primer encuentro, él por fin vería a quien sería su nueva novia; porque indudablemente, su intención para la cita era declarar su amor lo antes posible; no importaba la distancia, ni el lugar, ella era la chica de sus sueños.
Llegó al lugar que su GPS le indicaba, un barrio bastante cuestionable en lo que a la salubridad respecta. Un barrio que jamás en su vida pensó pisar, pero allí estaba, usando ropa nueva con un ramo de flores en sus manos. Era la hora acordada, el lugar indicado por la misteriosa chica de Internet.
Bruno empezó a sentir miedo, miró a todas partes para serciorarse de no ser víctima de algún delincuente, pero en cuanto quiso volver su celular empezó a sonar...
Contestó rápidamente al número desconocido, era la voz de una chica, de su chica o ¿quizá de su ex? El miedo le estaba jugando una mala broma. Se le indicó entrara en una casa color marrón; Bruno titubeante y dudoso empezó a acercarse hasta que un ¡OH DIOS MÍO! fueron sus últimas palabras...
Pasaron los días desde aquel incidente, los familiares y amigos de Bruno, consternados no sabían de su paradero hasta que en el quinto día, en el periódico local y nacional, se leía la noticia que, un grupo de al menos 4 cadáveres masculinos fueron encontrados colgados en una casa abandonada a las afueras de la cuidad, todos desnudos, degollados y con un cartel atado en sus cuellos que rezaba "Todos son iguales"