Impulsos, noches frías, tu provocación y tú. No fue fácil entrar en tu religión y convertirte en mi oración. Impulsos sobre ti, de no contenerme de ser un búho acechador, como un polluelo entre tus piernas.
Recreos, golosinas, el paseo y tu carrusel. Eres una montaña rusa, para sentirme tranquilo a tu lado, sabiendo que mil emociones me brindas, blindándome.
Recorridos, valles amplios, sonrisa extensa y vos.
Iba paseando mi vida en una sola dirección. Los proyectos, mis debates, mis ensayos eran solo una utopía, hasta que te volviste real. Una pieza pequeña girando en el ecosistema. Un universo cromático revolucionando al mismo color.
Ciudades, la fiesta, los pasos y tus pies. Siento que vuelvo a caminar, después de andar al revés.
Te siento como el compás que suena y recorre; el armazón de mis sensaciones. Te diluyes palmo a palmo en mis emociones. Haces nacer desde este mundo gris, lunas llenas de tantos tonos y saturaciones.
Vives en mí como pueden vivir en este cuerpo imperfecto. Miles y miles de amores. Naces de mí, como mares que recorren todos los caracoles.
Estás en mí, como tolvanera que le recuerda a estos vientos que tengo esperanza de conquistarte, defectuosa, en tus millones y millones de sinsabores...
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