Si yo estiro la mano, puedo recoger estrellas, ráfagas de minúsculos planetas, ondas sensoriales, y ponerlas a tus plantas, corazón.
Si lo hago noche a noche, rocío a rocío, galaxia a galaxia, me haré cercano a mis huesos, mi ascendencia, mis raíces, hasta caer luminoso, a tus pies.
Este fragmento de vida, de tierra, de roca, de marcianos humanados, me hace estirar mi mano, a todas las constelaciones, de tu corazón.
A lo lejos, sollozan las nubes, se arremolinan las luces, se extiende el mantel lleno de átomos primitivos, para socavar mi silencio, mientras te sigo queriendo.
Entre mis manos cuelga un pedazo de cielo, una noche nuestra, un beso tuyo, que yo quiero prolongar en el tiempo de nuestro amor, para reeditar el principio y el fin de mis tendones.
Para vivir viviendo, para vivir soñando, para vivir contigo, para colocar mi propia luna, entre tus mejillas, corazón.-