El escenario representa la consulta de un médium con dos sillas de madera y una mesita sobre la que hay una botella de agua y una vela.
En las paredes hay carteles con motivos místicos y arcanos.
El medium, es un hombre rozando la treintena, viste una camisa hindú estilo kurta abierta con collares y un pantalón de yoga, está de pie en el centro de la sala, descalzo, agarrándose la cabeza con los ojos cerrados.
MÉDIUM -¡Basta! ¡Dejen ya de hablar! ¿No ven que así no puedo trabajar?
Luego abre los ojos y levanta las manos conciliador.
MÉDIUM- ¿Por qué no se calman? márchense un rato. Adiós, adiós.
El Médium levanta la mano despidiéndose con desgana.
MÉDIUM- Sí, gracias. Seguimos luego. Sí, luego hablamos. Lo prometo.
El Médium señala a un punto.
MÉDIUM- ¡Aurelio! ¿No te vas a quedar? Bueno, haz lo que quieras.
Llaman a la puerta. El Médium se sienta y adopta una postura mística.
MÉDIUM-¡Adelante!
La puerta se abre y aparece una mujer que se llama Antonia, de mediana edad, vestida con ropa ejecutiva y un bolso de mano bajo el brazo. Entra en la habitación y cierra la puerta. Antonia mira el interior con desaprobación.
ANTONIA (Con gesto de arrepentimiento)- Hola. Creo que me voy. Esto ha sido un error. Lamento haber ocupado su tiempo para nada. No debería haber venido. Pagaré en recepción antes de salir.
MÉDIUM- Antonia, no te vayas.
Antonia cierra la puerta, se gira y mira fijamente al Médium pero sigue sin soltar la manecilla de la puerta.
ANTONIA ¿Cómo sabes...?
MÉDIUM- Alguien me dijo una vez que es de sabios llorar el pasado y allanar el futuro.
ANTONIA- Déjate de frases ambiguas, ¿cómo sabes mi nombre? Di uno falso al concertar la cita. ¿Nos hemos visto antes?
MÉDIUM- Sé muchas cosas, Antonia. Mis clientes son mis mejores amigos. Seguro que tú conoces bien a tus seres queridos.
ANTONIA- Sí, pero murieron hace tiempo.
MÉDIUM- Aquí no importa. Pasa y te lo demostraré.
ANTONIA (con desagrado) No eres más que un charlatán. Se ve a la legua.
MÉDIUM- ¿Quieres saber quién me ha dicho tu nombre o no?
ANTONIA- Habrá sido cualquiera que me conozca. Con lo que cobras, incluso podrías contratar un investigador para descubrir los secretos de tu clientela. Me das asco.
MÉDIUM- Me lo ha dicho Aurelio.
Antonia suelta la manecilla de la puerta y se dirige al asiento frente al Médium, que levanta la mano en gesto de invitación a sentarse.
ANTONIA- Así que te lo ha dicho Aurelio.
MEDIUM- Así es.
Antonia se sienta.
ANTONIA- Ya. Eso lo dudo.
MÉDIUM- Pero te has sentado.
ANTONIA- Quiero saber cómo tu detective ha llegado hasta ese nombre.
MÉDIUM- No te miento, Antonia. He hablado directamente con Aurelio. Él me ha hablado de ti.
ANTONIA- Sería la primera vez que Aurelio habla con alguien.
MÉDIUM- Te asombraría saber lo comunicativa que puede llegar a ser una persona ociosa.
ANTONIA- ¿Ociosa?
MÉDIUM- Llámalo equis.
ANTONIA- Esto es increíble... no solo eres un estafador. También muestras una total falta de respeto.
MÉDIUM- Eres tú quien ha venido a verme. No estafo a nadie. Mi tarifa es insignificante si tenemos en cuenta el servicio que ofrezco. Hay personas que viven mortificadas eternamente hasta que contactan conmigo y...
ANTONIA- No me interesan los demás. ¿Has hablado con Aurelio?
MÉDIUM- Sí.
ANTONIA- ¿Y qué ha dicho?
MÉDIUM- Que había pasado mucho tiempo.
ANTONIA- Sí, demasiado.
MÉDIUM- Te ha visto mayor.
ANTONIA- Han sido más de treinta años, pero Aurelio no hubiese dicho "mayor".
MÉDIUM- Es cierto. Ha dicho vieja. Solo trataba de ser amable.
ANTONIA- Ya. Aurelio era muy directo. Tenía muchas virtudes pero edulcorar la realidad no era una de ellas. No trates de suavizarlo.
MÉDIUM También me ha dicho que ha echado mucho de menos sus juegos.
ANTONIA- Sí. Éramos inseparables...
MEDIUM- ¿A qué has venido?
ANTONIA- A ponerte preso.
MEDIUM (Incrédulo)- ¿Sigues con eso?
ANTONIA- Has caído en la trampa, no sé quién es Aurelio, lo inventamos, apresamos a tu socio, él te vendió y a cambio de quedar libre accedió a darte la información de ese Aurelio y de mi nombre.
Entran varios agentes de la policía y se llevan al médium, mientras que la mujer se mantiene sentada donde estaba.
Entra un hombre de unos 40 años y se sienta en la silla donde estaba el médium.
ANTONIA- Ahora serás tú el médium, lo que ganes lo dividimos por la mitad.