Corrían los años 60, y el humilde hogar donde vivía con mis abuelos paternos carecía de muchas cosas, en especial lo relacionado con electrodomésticos, sólo una pequeña radio para escuchar los noticieros y novelas, la plancha para la ropa y una máquina de coser eran esenciales. La máquina que usaba mi abuela era “MEYER”, económica, fácil de maniobrar, de pedal, famosa marca para la época, no tanto como la Singer, pero cumplía con su misión.
Los años pasaron y la abuela partió en su viaje de descanso eterno, yo seguí creciendo como las plantas silvestres.
Un día cualquiera, vislumbre en un oscuro rincón la vieja máquina de coser!. Levantándola sacudí el polvo, y vi como el óxido empezaba a cubrir todo el metal.
Nostálgicos pensamientos emergieron, rememorando aquellas lejanas horas, en que moviendo sus pies, sobre el sonoro pedal de metal, la abuela diseñaba para mi, los vestidos más hermosos!. Los de ella eran de medio luto desde que el abuelito partió al cielo, pero los míos eran floreados, de vivos colores, alegres a la vista.
Como olvidar tanta dedicación! adornado entre hilos, botones y encajes finos¡ cose y cose, así pasaban las horas, hasta despuntar el sol, veía como mi abuela y su máquina eran un arcoíris de amor!