Supongo que nos hemos acostumbrado, yo qué sé. En mi ciudad, Málaga, volvieron a morir ayer por Covid 9 personas y un millar de contagiados se sumaban a una de esas estadísticas que abren todos los telediarios. Mientras una dosis domesticada de rabia por la injusticia que eso supone me hace apretar los dientes cuando pienso:
Ahora se encomiendan, nos encomendamos, a que la suma de vacunados y de quienes han pasado la infección con o sin síntomas dará el número necesario de inmunizados para frenar al bicho, rezando con que una de las variantes o mutaciones no escape a la actual vacuna antes de que eso ocurra.
Sin embargo, el turismo crece, las Olimpiadas vistas por la tele nos acostumbran a la normalidad, aunque sea tan anormal (si es que la palabra normal es normal), a pesar de oírse con esa sequedad vacía, al menos en los estadios de Tokio, sin público en las gradas.
Las cifras de paro en mi país descienden, la economía de servicios funciona cuando los servicios se prestan y los turistas vienen y van y consumen el deseado ocio que para el sector es negocio. Y no dejo de pensar, pese a todo y a que yo
también me vaya acostumbrado, que morirse ahora -al menos de Covid- es un pésimo negocio…
(Vacunaos, si tenéis la fortuna de vivir en un país donde el proceso de vacunación fluya. Y convenced, en lo posible, a quienes pudiendo hacerlo no lo hacen para que lo hagan)
Feliz Agosto!
(c) Domi del Postigo / www.domidelpostigo.es