Hay días en los que miro a mi hijo y siento que el tiempo se me escurre entre los dedos como arena fina.
Lo veo caminar solo, con esa seguridad que aún me sorprende. Lo veo sentarse a la mesa y comer sin que yo le dé de comer en la boca, sin que le limpie la barbilla cada dos segundos. Lo veo elegir su propia ropa (aunque a veces combine cosas que a mí me parecen imposibles) y vestirse casi sin ayuda. Y de pronto me doy cuenta de que esa ropita linda, pequeña, suave, la que guardaba con tanto cariño… ya no le sirve.
Ya no me cabe en los brazos como antes. Antes lo cargaba y sentía que todo su mundo cabía entre mi pecho y mis manos. Ahora es más grande, más pesado, más independiente. Y aunque lo abrazo con la misma fuerza, ya no es el mismo abrazo.
Hace apenas unos meses dependía de mí para absolutamente todo: para levantarse, para comer, para dormir, para sentirse seguro. Yo era su refugio completo. Y ahora… cada día depende un poquito menos. Cada día da un paso más lejos de esa dependencia absoluta. Y aunque sé que es lo natural, que es lo que tiene que pasar, que es hermoso verlo crecer… a veces me duele el pecho de una forma que no sé explicar.
Es una nostalgia que viene y se va. A veces llega de golpe cuando guardo una prenda que ya no le queda, o cuando lo veo dormir y me doy cuenta de que su carita ya no es la misma de hace un año. Otras veces aparece en medio de la rutina, mientras él juega solo y yo simplemente lo observo. Me pongo triste. Me pongo a pensar que a partir de ahora todos los días va a necesitarme un poco menos. Que cada vez más cosas las va a resolver sin mí. Que un día ya no va a querer que lo cargue, ni que le dé de comer, ni que lo consuele de la misma forma.
Y aunque celebro cada logro, cada nueva habilidad, cada muestra de independencia… también lloro en silencio por todo lo que se queda atrás. Porque criar es eso: amar tanto a alguien que aceptas ir perdiéndolo un poco cada día, para que pueda volar.
Me duele y me enamora al mismo tiempo. Me llena de orgullo y de melancolía. Es un sentimiento tan grande y tan contradictorio que a veces no sé si reír o llorar.
A las mamás que me leen:
¿Les ha pasado esto?
¿También sienten esa nostalgia de golpe cuando ven que sus hijos ya no caben en sus brazos como antes?
¿También se ponen tristes al darse cuenta de que cada día dependen un poco menos de ustedes?
¿Cómo lo sobrellevan?
Me encantaría saber que no soy la única que a veces se queda mirándolos en silencio, con el corazón apretado, agradeciendo y extrañando al mismo tiempo
Gracias a la hermosa comunidad Ladies of Hive, por ser ese espacio de apoyo, de sororidad y de inspiración constante.
Gracias a mi esposo ,@valderalazaro mi compañero de vida y mi apoyo incondicional.
Gracias a mi mamá , @milagroscmiranda por su amor eterno y por ser mi raíz.
Gracias a @andrealove por su cariño y su presencia.
Y una mención especial a nuestra nueva estrella de la escritura , @itsieny que llega a iluminar este espacio con su talento.
También quiero agradecer a la comunidad BBH, a su mentor y a su esposa, la nana de mi hijo y mi amiga incondicional . Gracias por el apoyo, por el cariño y por estar siempre presentes.
A todos ustedes, mi más sincero agradecimiento