De mamá heredé la curiosidad y la confianza en mis pies (aunque tengo un talento insual para tropezar con adoquines desencajados). Sé muy bien que mis extremidades inferiores me van a llevar al destino que elija, aun si en mi cabeza no tengo clara la orientación. En París esa máxima se cumplió a cabalidad, la ciudad caracol fue la mejor aliada para estos pies dispuesto a recorrer mundo.