Recuerdo haber leído esa frase hace mucho tiempo ya, era un tema relacionado a Don Andrés Bello, como es respetado en Chile y el poco reconocimiento que se le dio en Venezuela para la época y posiblemente hoy en día. Simón Bolívar y Antonio José de Sucre eran nombres que relucían en aquel escrito, pero no solo ellos, se me vienen a la mente Simón Rodríguez muriendo en el Piura y el general Páez en New York. Independientemente de sus acciones y deseos, muy lejos de su patria.
Hoy en día vivimos momentos terribles en el país y por alguna extraña razón no caemos en cuenta lo que está sucediendo. Es muy peligroso tomarse el éxodo venezolano tan a la ligera, no es simplemente alguien que se fue a trabajar para comprar tal y tal cosa, es el futuro desvaneciéndose ante nuestros ojos. Familias rotas, humilladas y burladas por un cumulo de malas decisiones que hemos venido tomando desde siempre y que negamos rotundamente, haciéndonos creer a nosotros mismos esa falsa sensación de moralidad y seguridad.
Nos jactamos de haber recibido a cuanto inmigrante quisiera hacer vida y progresar en el país, pero aceptamos que nuestros hijos se conviertan en esos inmigrantes y luchamos por que sean aceptados en los distintos países a los que están llegando, gastando nuestra energía en la lucha equivocada. El problema no son ellos, somos nosotros.
Hasta cuando seguiremos agradeciendo que al menos tenemos arroz para comer, que el agua llego en la mañana por una hora y pudimos llenar dos tobos, que al comerciante le fue mal y ahora es tan infeliz como yo, que el chileno debe ayudarnos porque nosotros ya le ayudamos a él, que despertamos otro miserable día. Es precisamente mentalidad mediocre, conformista y completamente fuera de lugar con la que convertimos a Venezuela en mala madre y debemos revertirla a como dé lugar.