Lo complicado de las relaciones es la visualización de un futuro, que aunque no digo que no lo desee, de momento no está en mis planes. Veo las relaciones duraderas como algo que tarde o temprano terminará; y a su vez, veo a los personajes involucrados dirigirse a ese punto sin retorno en una colisión funesta. Lo sé, soy pesimista ¿Qué esperaban? Soy una clase de mujer que ama leer historias de amor que no son el cuento típico; y a su vez, que cree que en un mundo de historias perfectas, nada es real. Les contaré una historia acerca del futuro. Es sobre el hombre con el que dure más tiempo en una relación. Cuando yo tenía 15 años, era de esas chicas que no desconfiaba de los sentimientos de las personas; estaba en el mar abierto de las confusiones amorosas, ahora puedo decir que al menos, tengo un salvavidas.
Él era un chico de un carácter muy conservador, cerrado a muchas cosas, a muchas ideas; no compartíamos gustos ni preferencias; las peleas eran muy constantes; y las razones, por lo general, era el constante apego a hacer ciertas cosas que solo volvían cada vez más rutinaria la relación, el limitarme a ser tal cual soy en presencia de él solo para evitar peleas, y la falta de tolerancia por mi punto de vista, sin embargo seguimos en esa situación hasta que yo culminé con esa agonía. La única persona que no estaba consciente de lo perjudicial y sin salida que tenía esa unión era yo. Simplemente creía que iba a ser la excepción a la regla y que seriamos un ejemplo para los que no creían en eso. Creía que iba a hacerlo cambiar y que todo aquello que era negativo en mi forma de ser y hacer las cosas seria modificado positivamente.
Por cierto, no fue así. Solo me estanque en algo que no iba a tener futuro; si, esa palabra es complicada. El futuro en las relaciones es lo que determina si van a ser duraderas, o reales; porque por cosas de la vida, la sociedad mide la realidad de las relaciones por el tiempo que duran; lo cual es completamente falso. Hay relaciones perfectamente hermosas que duran una noche, una estación, un segundo, pero toda esta en nuestra mente. Soy de las que crea películas mentales, cuyos créditos están llenos de libros y películas que he visto y que sin darme cuenta solo quedan en mi mente. Con el sujeto de cuatro años cometí muchos errores y no fueron solamente con él, tuve la brillante idea de guiarme por el pensamiento de que si él no me atendía, buscaría lo que no tenía con él en el mundo exterior. Para hablar en criollo, llevo más cuernos que Forrest Gump.
Una tarde en la que el sol no me dejaba mantener los ojos abiertos y en la que ambos estábamos sentados en la grama de un parque. Se acerca a mí y pregunta sobre el futuro, ahí estaba la pregunta inevitable. Atónita y sin saber que decir solo se me ocurrió fingir demencia y preguntar por el futuro que él esperaba obtener a mi lado después de más de cuatro años juntos en una batalla tan extraña como difícil. Su respuesta al no resultarme lo suficientemente convincente me indicaba que al igual que yo él se sentía forzado a la idea de un futuro hipotético en una relación de maqueta que solo podía ser eso, una simulación de algo que no estaría concreto, o no lo seria conmigo. Me surgieron dudas, ambiciones, planes, madurez; y esa sed de mundo que a los 19 años cualquiera con deseos de crecer tiene.
Di por terminada esa relación en varias ocasiones, en aquello que llamaré sub módulos y que contó con varias experiencias de relleno que hoy puedo decir que sirvieron para darle sentido a las de ahora. Para darles a entender algo, creí haberme enamorado de él gracias a ser tan detallista. Lo conocí cuando yo tenía 15 años, yo estaba en el liceo y tenía un grupo de amigos, entre ellas estaba la típica chica mayor del grupo, sexualmente activa y que el todo el liceo la conocía desde preescolar, a ella le decíamos Patito de manera afectuosa. Ustedes se preguntarán, ¿qué diablos tenía que ver una caraja llamada Pato en este asunto?, sencillo, ella era novia de mi ex de cuatro años. A Este chico le diremos doble Aa, y no por ser alcohólico, de hecho, tenía mala bebida y por respeto a sí mismo no bebía; sino porque sus nombres empezaban con esa letra. Pato no era una mala persona, solo que como ella decía, veía opciones, había chicos que la pretendían y ella no iba a privarse de esas experiencias por un chico al que veía poco, que era callado y que no tenía aspiraciones. Pero como cualquiera, al principio la juzgué, y mucho; veía como le respondía a ese chico con aquel toque de cinismo digno de una actriz, y el aun así, él creía en sus palabras. No le quedaba de otra; pero como todo, no duro más de dos años, y esa relación solo dejó como resultado un despecho y un regaño, que al ser amiga de los dos, me tocó calarme semejante drama, de ambas partes.
Doble Aa era mayor que nosotras, yo era cinco años menor que él, y Pato era 3 años mayor que yo, ellos terminaron porque los padres de ella no permitían esa relación, y una noche cuando él acababa de acompañarla a tomar el autobús a su casa como todo un caballero, recibió una llamada de los padres de Pato, diciendo que ellos lo vigilaban, que sabían quién era él, y lo poco que tenía para ofrecerle a su hija, lo amenazaron con denunciarlo por acoso de menores, cuando yo misma he sido testigo de que ese hombre en ningún momento le tocó ni un cabello a esa chica. En el momento en el que a él lo llaman los padres de la que hasta ese momento era su novia adorada, ella dejo de escribirle y se desapareció de la tierra por varios años. Yo en aquel entonces tenía novio, mis padres le decían Patiquín, un chico de gran estatura, piel tostada, cabello liso, sonrisa encantadora, un mangazo. Pero solo duramos dos meses, gracias a que ese mangazo, le coqueteaba a más de una. El Patiquín y Pato tenían algo en común, ambos dejaron de luchar por una razón bastante peculiar, al ver que no podíamos ofrecerles más que una relación de manitas sudadas, buscaron de sudar la cama con otras personas; en palabras más, palabras menos doble Aa y yo éramos vírgenes, y nuestras respectivas parejas estaban urgidos por saciar su cuerpo, sin importar con quien fuese. Ambos estábamos despechados, y como amigos acordamos vernos y hablar de aquello que nos había pasado, y en esa salida lo que menos hicimos fue hablar de aquellos que nos habían hecho llorar días antes, fue un nuevo comienzo, una cita romántica que ninguno de los dos planeó.
Hablamos de lo que queríamos ser al pasar de los años, que tipo de música escuchábamos, lo que nos diferenciaba como seres pensantes, vi lo caballeroso y atento que era, lo divino que olía su colonia, y lo dulce que era. Me enganché rápido y él también. Seguimos saliendo, y poco a poco creíamos que nos conocíamos más y más, pero cuando sales con alguien después de un tiempo, quieres que tu familia lo apruebe, y aquella vez, no salió muy bien. Mi papá casi lo mata en dos ocasiones, y al igual que a Pato, me prohibían verlo, pero yo igual salía con él, me quitaban el teléfono y aún hablaba con él, y varias anécdotas más pasaron y aun estuve con él por dos años seguimos resistiendo la oposición de mis padres hasta que al fin, habló con mi papá, y al ver que el chico no era malo, sino que solo era feo, aceptaron que él frecuentara la casa y hasta lo presentaban como mi novio al pasar del tiempo. El problema con mis padres era que ellos al igual que los padres de mi amiga lo veían por debajo de aquello que según ellos yo me merecía. Los padres quieren para sus hijas un hombre con recursos, con buenos modales, de buen porte, y que sea elocuente. Mis padres querían un chico con aspiraciones, que fuera constante, ambicioso, que se la llevara bien con toda la familia y que me respetara. Doble Aa era callado, un florero más en la mesa con otras personas, excepto conmigo; y en mi familia, si no dialogas, estas fuera del juego.
Por otra parte, yo me la llevaba excelente con su familia, la hermana mayor de mi ex era una gran chica, de la que me hice amiga de inmediato. La mamá me adoraba y yo a ella. La relación prometía pero no era perfecta, peleábamos a cada rato, por cosas como a qué temperatura le daba el café, los días que no nos veíamos, las calles en donde no caminábamos y las veces que no hacíamos mil y un cosas. Teníamos una pelea interminable por las demostraciones de afecto, como dije al principio, cuando me presenté, soy una persona que se incomoda por las demostraciones de afecto, pero es una incomodidad que a veces quieres sentir, teníamos cuatro años de relación y puedo contar en una cifra de dos dígitos las veces que me abrazó voluntariamente, al igual que las ocasiones que me besaba de sorpresa, o que simplemente, intimaba conmigo. ¿Cómo terminé definitivamente con esa relación? A mis 19 años, cuando él estaba al fin más estable económicamente, con ya más de cuatro años de relación y por la razón más torpe que se me pudo ocurrir. La relación terminó por mis mentiras, por ser una mitómana compulsiva con él y porque cuando aquel muro de realidad de maqueta se destruyó y cuando no sabía qué hacer para arreglarlo, simplemente me rendí; la terquedad me venció y lo dejé ir en una frase tan extraña como:- Tenemos cuatro años juntos, lo sé todo de ti y tu nada de mí, no me perdonarás por lo que hice y no tengo el ánimo de reponerlo, prefiero dejarte ir. Lo sé, fui una perra desgraciada sin corazón, y lo que hice no tuvo nombre; bueno, de hecho tuvo varios, pero en aspectos generales no era lo correcto y acepto que no debí hacerlo, pero como dice la canción de mi banda favorita,”… pero sí estuvo bueno”.
Siempre creemos que nuestras vidas son diferentes, creemos que solo a nosotros nos ocurren ciertas cosas, aseguramos que somos los primeros en experimentar ciertas sensaciones; la verdad es que no siempre es así, a veces lo que te atreves a hacer hoy por primera vez lo hicieron tus padres en su mejor momento de valentía, puede que seas la persona numero mil en hacer ciertas cosas en cierto lugar, pero lo importante no es eso, es simplemente que tú te sientas así, y más cuando te gusta lo que haces. De seguro se preguntarán ¿Te gustaba jugar con los sentimientos de tu novio con el que habías pasado cuatro años de tu vida? La respuesta es no, no lo disfrute del todo, era horrible el ver sus pocos intentos de demostración de afecto y saber que tenía que tener otra vida alejada de él, quería tener esas experiencias con él, no con otro y él no colaboraba. Él fue el primero que logró verme desnuda, pero al igual yo también fui la primera con la que él tuvo cualquier clase de encuentro físico. Actualmente no recuerdo ni como era estar con él, solo sé que no era tan seguido, y que la primera vez fue horrible, y no porque ambos éramos inexpertos, aparte. Estábamos en mi cuarto, yo lo había invitado a ver una película, aquellos morbosos entenderán el código subliminal del asunto, y la verdad es que lo había invitado para arreglar nuestra situación, yo tenía 16 años, el 19, y habíamos terminado por una complicación con mis padres, y yo temerosa de perderlo accedí a tener relaciones con él, y fue un gran error. Hacer el amor debe ser una razón de gozo para la pareja, pero una vez que terminamos de hacerlo, no sentí su amor, sentí su desconfianza, sentí que estaba ahí, en esa habitación pensando en otra cosa, en cualquier situación o persona menos en mí.
Los sub módulos como se imaginarán son resultado de las peleas con él, y como los pretendientes siempre estaban, no postergué eso y decidí vivir mi etapa de salir con otras personas. Al igual que Patito. Pero no, solo jugaba a la novia formal en nuestro entorno, mientras que fuera de este era todo lo contrario, y la culpa me ganó. Y pues, a la pobre alma en desgracia ya antes mencionada le tocó el pago de la factura de mi etapa de liberalismo, y con ello solo le trajo a su vida el trauma de que todas las mujeres son una espina en el camino de aquellos hombres que desean tener un futuro de la mano de una pareja. Él quería el cuadro de la familia de los años cincuenta, la esposa arreglada con el peinado de peluquería, el maquillaje de concurso, el vestido con el delantal en punta en blanco, el niño (idéntico al papá) bien arreglado, el perrito de raza bien alimentado y la casa con la cerca blanca de madera en un buen vecindario muy al estilo americano de la postguerra. Pero solo podría ofrecerme el ranchito de caña amarga con un futuro incierto en un entorno aún por debajo del que yo estoy acostumbrada. Debo aclarar que yo era una niña de mamá y papá.
¿Era? Ok, replantearé esto. Soy una niña de mamá y papá, hija única, la mayor, la menor y la del medio. No se me negó nada, y viví la mayor parte de mi vida en una casa gigante, donde tuve un montón de juguetes y que no solo los usé yo, sino mis padres, puesto a que ellos disfrutaron de mi infancia de la manera más tierna posible. Aquel chico era por su lado un chico humilde, que me cumplía mis caprichos cuando podía, pero las circunstancias no favorecían la relación. Por ende, deseché la idea de un futuro. Lo sé, pensarán que soy una materialista que no tomé enserio al pobre hombre por ser humilde, pero no es así, duré cuatro años por algo, por tenerle fe, y debo admitir que se superó bastante actualmente, pero no estábamos destinados a estar juntos, él necesitaba a alguien para estar en casa, y yo para que me enseñara y acompañara a vivir al máximo. Explicando esto, doble Aa quería una mujer, y yo un compañero de vida. El compañero de vida se diferencia de lo que es una relación convencional en el simple hecho de que la intensión principal de estar juntos no es tener familia, no es tener una casa, no es evitar peleas; un compañero de vida fluye a tu lado, te complementa, te entiende y se atreve a conseguir soluciones a tu lado y no ve un futuro, ve un principio y un trayecto para disfrutar de la belleza de su amor con todo lo que eso significa; si lo sé, ando romanticona, pero es la verdad.
Algo que puedo decir es que siempre supe cuando alguien saldría de mi vida. El día que le puse fin a esa relación recuerdo que fue por mediados del mes de noviembre un día domingo, le dije por mensaje de texto aquella frase, él no me creyó, como siempre. Dejé de responder, me abstuve de buscarlo, simple asimilé que salió de mi vida. Sin embargo, el viernes de la siguiente semana coincidimos, me contó como le iba, me explicó sus preocupaciones laborales, no me dejó hablar en todo el viaje, y solo me cayó con una galleta. Me vi cinco años en el futuro, aguantando niños llorones, cansada, y con el tipo hablando de su día a día sin dejarme hablar de mis ideas. Inmediatamente desperté y lo dejé ir. Le perdoné sus errores, me permití avanzar y dejar atrás el sentimiento de forzarme a estar con él. Pero no duré mucho tiempo sola, ese viernes que deje ir a uno, llegó el siguiente escalón. Sin buscarlo, sin tomar vacaciones, aunque bien que me las merecía.