Hay personas que pasan buena parte de su vida queriendo controlar todo: su entorno, lo que está más allá de su entorno y por supuesto a las personas que están a su alrededor.
Todos, en alguna medida queremos controlar, eso forma parte de nuestras estructuras mentales, de alguna manera somos educados, formados en la búsqueda del control, porque eso nos da seguridad, estabilidad y porque qué bien se siente decir: ¡lo tengo todo bajo control!
Sin embargo, por más que queramos no podemos controlar todo y para esto no nos preparamos, para comprender que hay situaciones, muchas, que están fuera de nuestro control y que cada persona es dueña de su vida, de sus decisiones y es abusivo querer controlarlas.
Y es allí donde entra el conflicto en el no reconocer y aceptar los límites de tu control, encontrar el punto de equilibrio entre lo que puedes controlar y lo que no puedes, convirtiéndose en un problema para ti y los demás, porque querer controlar a los demás implica, generalmente, entrar en el juego de la manipulación, el miedo, el chantaje emocional, la coacción, la crítica, la victimización. Todas estas estrategias negativas lo que nos lleva es a llenarnos de impotencia y frustración y por supuesto a deteriorar nuestras relaciones.
Hay consenso, en el mundo de la psicología, en que las personas controladoras, detrás de su fachada de fortaleza, lo que esconde es un gran miedo. Miedo a que las cosas se le escapen de las manos, al fracaso y a la incertidumbre, por eso el querer controlarlo todo está relacionado con nuestras inseguridades, nos paraliza el encontrarnos sin respuesta ante los cambios y este temor no nos permite soltarnos y dejar que la vida fluya.
Que hay que tener control sobre ciertas cosas, situaciones y personas en algún momento determinado, es verdad, pero, realmente ¿Qué podemos controlar, qué no y en qué medida? Por supuesto que no hay respuesta única y definitiva.
Podemos tener sensación de control cuando planificamos, cuando atendemos nuestras responsabilidades, cuando de alguna manera somos precavidos pero estemos claros que las cosas de un momento a otro puede cambiar y los cambios si son una certeza, son situaciones que llegan y que la situación como tal no la puedes controlar, lo que si podemos controlar son nuestras reacciones, nuestras emociones y nuestros pensamientos, el cómo asumimos las situaciones que vivimos.
La siguiente frase: “soltar el control nos da el control”, me parece muy elocuente. Nos hace referencia a que cuando nosotros dejamos que él otro asuma sus responsabilidades y compromisos, es decir, soltamos el control que pretendemos o tenemos sobre una persona, al mismo tiempo estamos tomando el control de nuestras emociones, lo que significa que crecemos como personas y como beneficio colateral nos liberamos de cargas innecesarias.