BUSCO UNA ESTRELLA
(León Felipe)
Resuena en los oídos la santa indignación de don Quijote y su rosario de improperios: “Canalla infame, follones y descomedidos malandrines, monstruos horrendos, trogloditas, bárbaros antropófagos, polifemos matadores, malmirados bergantes, majagranzas, cobardes y viles criaturas, gente soez, malnacida, endiablada y descomunal…”
Llamo a los amigos, convoco a unos pocos que yo sé deseosos de recobrar la dignidad y les animo a ponernos en marcha.
—¿Qué haremos? —me dice uno.
—¡Peregrinar!
—¿Pero a dónde?
—¿A dónde? ¡A La Mancha!
—¿Y a qué sitio? —pregunta otro.
—¡A los molinos! Allí encontraremos la estela de Don Quijote, las huellas de Rocinante, los pasos de Sancho y su rucio…
Recorremos la inmensa llanura en busca de una señal. Primero en Miguel Esteban, el lugar del que Cervantes no quiso acordarse: en el cerro de San Isidro, cerca de la ermita, se alzan dos molinos en medio de la quietud, el silencio y el reposo; ningún vestigio de Sancho, ningún indicio de Don Quijote. En Mota del Cuervo tres gigantes se levantan plantados en el collado que domina el pueblo: algo presentimos, pues uno de los jayanes muestra roto uno de sus brazos…, pero nada más. Se divisa en la solana manchega del Campo de Criptana una decena de ellos: sus nombres (Sardinero, Burleta, Infanto...) ya toman aire de aquellos desaforados gigantes facedores de aspa-vientos; mas todo está solidificado: no hay viento, ni tampoco hay aire.
Desalentados, desfallecidos, abatidos, nos encaminamos a Consuegra. Caía la tarde y, descorazonados, subimos al Cerro Calderico. En la cima estaban los molinos, alineados sobre el espinazo de la loma. En un instante parecieron fosilizarse allí todas las esencias de La Mancha. “Libere vuesa merced, señor Don Quijote, la estrella que nos guíe, y tú, amigo Sancho, muéstranosla…” Fue entonces, sobre lo más alto del cerro, durante un crepúsculo de atmósfera transparente, en el silencio cósmico de leguas y leguas a la redonda, cuando brilló una estrella que iluminó nuestras mentes: “Marchad contra estos nuevos vestiglos alevosos y traidores. Vuestro estandarte ha de ser la verdad. Si encontráis a uno que roba, decidle ¡Ladrón!; si a uno que miente, ¡Embustero!; si a alguien que embauca a las multitudes con sandeces, ¡Mentecato!... Con solo desenmascarar a uno de ellos, ya estaréis en el camino; y vuestro propósito, en marcha”.
Esto desveló la estrella; una estrella nueva de paladio, de fósforo y de imán.
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