Walt Pekins | Capítulo 1: El joven Walt

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(Walt Pekins, ilustración original)


Capítulo 1: El joven Walt

- Walt Pekins... ¿Ese tu nombre? - Preguntó aquél hombre.

- Si, ese es mi nombre.

- ¿Cuantos años tienes, niño?

- ¿Acaso importa?

- La verdad si, y mucho - Afirmó insistente.

- Tengo 57.

- Y yo conozco a Superman - Bromeó el señor - Niño escucha, no puedo aceptar esto, son baratijas y además... - Dijo mientras miraba los relojes, camisas y juguetes -... están rotas.

- Escuche, tampoco es que pida mucho... Aunque sea lo poco que valen.

- Lo poco que valen ¿eh? - Observó con delicadeza todo y luego se compuso - Te daré 100 por el reloj y 150 por las camisas. Los juguetes no los quiero.

- ¡Grandioso! Yo, yo... ¿Donde firmo? - Bromeó Walt.

- Okey, okey. Solo toma el dinero chico, no necesitamos tanta seriedad - Dijo mientras reía.

- Gracias señor.

Walt agarró su dinero y se marchó. La tienda de baratijas y curiosidades del señor Watanabe era uno de esos lugares misteriosos e históricos a los que Walt disfrutaba visitar, y es que aun siendo la primera vez que se acercaba, el chico lo había visto demasiadas veces de camino a casa como para no ubicarla con facilidad.

La distancia entre la tienda y su casa era bastante larga, pero la experiencia valía la pena. Ya tenía la anécdota del día en que visitó la tienda de "Curiosidades y Secretos: Watanabe" y le vendió algunas baratijas al dueño.

Su reloj marcaba las 3 de la tarde y el cielo estaba algo nublado, lo que alegraba bastante a Walt quien odiaba cuando el sol lo quemaba. Mientras regresaba a su hogar, paso por el lado de el instituto Central de Nova Villa, en donde el estudiaba. Allí, unos chicos sentados a lo lejos en algunos bancos de la parada de Bus, lo vieron y empezaron a llamar. Walt no era maleducado pero odiaba con su vida al chico sentado en medio de todos, el hijo menor de la familia Montesca, una adinerada y prestigiosa familia dentro de Nova Villa por sus raíces Nobles, Michel Montesca.

Engreído e irrespetuoso desde su nacimiento, Michel formaba parte, junto a Walt, del equipo de natación del instituto Nova Villa. Era de los peores nadadores del equipo por lejos, pero aún así creía que todo el mundo le debía respeto y admiración por ser un Montesca, por lo que Walt ya tenía suficiente con soportar su petulante personalidad cada mañana antes de entrar a clases como para soportar una platica "casual" con el a cualquier otra hora del día.

La frialdad ante la gritería de estos chicos hizo enojar a Michel, quién se levanto de un solo brinco y empezó a caminar hacia Walt gritando.

- ¡He! ¡Pekins!

Walt era un chico calmado y tranquilo, pero odiaba que se pasaran de listo con él, y como intuía el rumbo de esta inevitable conversación, activó su modo agresivo para hablar con Michel.

- ¡He! ¡Montesca! - Imitó de manera sarcástica a Michel - ¿Qué haces por aquí?

- ¡Pero si es que sí escuchas! Pensé que tendría que darte un golpe de realidad para que voltearas - Dijo mientras sacaba un chicle de su bolsillo para masticar - ¿No escuchaste que te llamábamos?

- Ni me di cuenta, ¿qué quieres? - Dijo Walt lo más directo posible, no quería seguir perdiendo el tiempo.

- ¡Wow! ¿Qué te pasa? ¿Cómo que "Qué quieres"? ¡Relájate! - Imitó Michel de manera burlona, mientras se disponía a lanzarse el chicle en la boca - Solo quería avisarte que a partir de mañana serás mi entrenador de Natación. Mis papás dicen que apesto nadando y que tu tienes talento, por lo que quieren que me enseñes. Yo sugerí un entrenador personal, pero no quieren a un viejo verde observandome en ropa de baño, por lo que entrenaremos mañana a las 2 p.m en mi alberca.

Todo esto lo escupió mientras masticaba su chicle. Nuestro chico no toleraba que la gente hablase mientras comía y masticaba, cosa que Michel se encontraba haciendo en estos precisos momentos, generando a Walt una indignación brutal.

- No - Respondió Walt al instante - Dile a tus papás que contraten al viejo verde - Agregó Walt mientras se daba la vuelta y se marchaba.

- ¡Hey, hey! - Gritó Michel mientras jalaba el brazo de Walt, frenando - No es una petición, es un aviso. Mis papás llamarán más tarde a los tuyos, ellos no se negaran de seguro. Es una buena paga Pekins.

- No importa la paga Montesca, no quiero ayudarte a entrenar - Respondió Walt.

- ¿Qué te sucede? ¿Sabes a cuantos les encantaría asistir a mi alberca y estar conmigo una tarde entera? Además, tus padres y tu serían unos completos idiotas si no aceptasen un cheque Montesca - Escupió Michel alterado.

- No importa la paga Montesca, no quiero ayudarte a entrenar... - Repitió Walt -... y no quiero pasar una tarde entera contigo. Que asco. Además, en serio eres patético nadando. No importa cuando dinero me den, nunca lograrás nadar bien - Continuó agregando Walt - Y no aceptar tu "propuesta" sería una decisión inteligente, no idiota.

Michel se quedó petrificado. Un calor recorrió su pecho y espalda, colorando su cara y cuello de un rojo anaranjado.

- También podrías pedirle a unos de tus "amigos" - Agregó Walt señalando a los chicos en la parada, quienes no dejaban de murmurar entre ellos y observar fijamente a Walt y Michel - Ellos de seguro morirían por ir a tu alberca y pasar una tarde entera contigo. Les encanta tu dinero.

- ¡Eres un idiota Pekins! - Explotó Michel - ¡Un idiota raro y mediocre! No ves más allá de tus narices ¡Trabajar para un Montesca es lo mejor que te podría pasar en tu vida! Además, por lo menos yo si tengo amigos, sabelotodo. ¡No tengo por qué sentarme solo para almorzar en el instituto y no tengo por qué colocarme solo en los trabajos y exámenes! ¡A diferencia de ti! No te hagas el mejor, cuando ni siquiera tienes a quien llorarle tus problemas. ¡H-hasta tus papás te odian! - Tartamudeó Michel desesperado, ya no sabía con que atacar a Walt - ¡Todos lo saben! Es más, no se ni por que sigues aquí. D-deberías matarte ¿sabes? Y s-si no lo has hecho porque no sabes como diablos quitarte la vida, hay libros que te ayudan. Si quieres te regalo uno ¡y-y te alejas de todos nosotros y nos d-dejas vivir en paz!

Walt se quedó en silencio y lo miró unos 2 segundos fijamnte. Michel estaba eufórico, tenía los ojos rojos y la cara sudorosa, las venas del cuello estaban a punto de explotar y se le notaba una ira descomunal, por lo que Walt decidió acabar con esto ya para no matar a Michel de un infarto. Lo odiaba, pero no lo quería muerto. Solo lejos de su vida.

- No te enseñaré natación - Respondió al fin Walt - No quiero ni pienso entrar en tu casa ni mucho menos trabajar para ti, me das pena ajena. - Agregó Walt mientras se marchaba - Mis Padres me aman, para aclarar. No alardeamos en público para luego odiarnos y maldecirnos en secreto. No todas las familias son como la tuya Montesca. Según tengo entendido por eso es que tu hermana se suicidó, ¿no? - Fulminó Walt - Ah... Tal vez por eso buscas regalar libros para suicidarse como un desesperado, ¿cierto? Aun tienes el que usó tu hermana y no sabes como deshacerte de él.

Michel se quedó estático mientras Walt se marchaba.

- Adiós Montesca - Se despidió Walt.

Michel empezó a llorar. Todos los chicos se acercaron corriendo a él para ver como estaba, mientras le gritaban a lo lejos a Walt. Lo maldijeron de todo y por todo. Hasta por existir.

El camino de regreso a casa se sintió amargo y raro. Quería estar feliz por hacer llorar a Michel, pero su moral le decía a gritos que se había pasado tres pueblos, y que no debió haberle dicho eso. Michel era un idiota y merecía que le dijeran de todo, pero una parte de él sabía que no debió haberle mencionado a su hermana.

Al poco tiempo, el sol fue alejándose y Walt llegó a su casa. El auto de sus padres se podía distinguir en el garaje por lo que estos ya habían llegado del trabajo. Walt entró y se quitó sus zapatos en un sobre piso que había tras la puerta principal, era una costumbre que tenían en casa y que Walt amaba. Tras llegar fue directo al baño a mear y lavarse las manos y la cara, para luego dirigirse al comedor a servirse un vaso de leche. Su padres, quienes estaban en la planta superior, bajaron tras escucharlo llegar.

- ¡Hijo! - Dijo su padre, Tomás - ¿Qué tal tu día?

- Hola pá, hola má - Saludo Walt a ambos - Fue tranquilo. Tras el colegio regresé a casa y saqué unas cosas viejas que iba a botar, pero aproveché y las lleve a la tienda del señor Watanabe - Explicó mientras se sentaba en la mesa y agarraba una galleta de un tazón - Tiene muchísimas cosas raras y divertidas allí, es genial.

- Así que por fin te acercaste - Respondió su madre, Blanca - Llevabas semanas queriendo ir.

- Sí, lo que pasa es que nunca había decidido que llevar - Agregó Walt - No quería ir solo a ver las cosas, quería tener una excusa para ir, ¿me entiendes? - Preguntó Walt riendo -

Tomás y Blanca rieron

- Si, te entendemos - Respondió Tomás entre risas.

- Espero tampoco hayas llevado cosas de valor - Agregó rápidamente Blanca.

- ¡No, no! - Se defendió Walt - Eran dos camisas viejas y un reloj de bolsillo que no servía, ¿recuerdas? el que compré en esa venta de garaje hace unas semanas.

- ¿El que parecía victoriano? - Preguntó curioso Tomás.

- Sí, al final no resultó ser victoriano, solo era una muy buena imitación - Agregó Walt enter risas - Subiré a hacer unas tareas, nos vemos en 30 minutos - Dijo Walt levantándose de la mesa del comedor y dirigiéndose rápidamente a las escaleras.

-Claro, claro - Respondió Tomás - ¡Por cierto! Antes de que se nos olvide, llamaron los Montesca, preguntaron si querías entrenar a Michel - Dijo Tomás con una mueca. La simple idea de Michel Montesca y Walt entrenando le ocasionaba risa.

- Les dijimos que muchas gracias pero que no estarías interesado - Agregó Blanca entre risas resultado de la mueca de su esposo - Que discutiríamos la posibilidad de hablar contigo pero que lo más probable es que dirías que no, ya que el entrenamiento en sí y tus deberes en la escuela te mantienen bastante ocupado.

- Dijeron que llamarían después para escuchar la respuesta definitiva ,así que te preguntamos cordialmente, ¿quieres aceptar la encantadora y sublime propuesta? - preguntó sarcásticamente Tomás.

- No, no - Respondió entre risas Walt - Ya hablé con Michel, le dejé bien claro que no quería hacerlo.

- Está bien, - Agregó Blanca, entre risas - Cuando llamen más tarde les diremos que la respuesta es no. Que muchas gracias pero estas ocupado.

- Muchas gracias, los amo - Gritó Walt mientras se alejaba corriendo a su cuarto.

Walt sabía que debía comentarles a sus padres lo que le había gritado a Michel sobre de su hermana, o si no su conciencia no lo iba a dejar en paz. Pero a pesar de que quería, además, conocer una opinión externa a la suya, no sintió que fuese el momento adecuado.

Tras llegar a su cuarto se quitó los zapatos y se lanzó a la cama. Tenía unas increíbles ganas de dormir pero debía terminar un par de trabajos para mañana, por lo que no podía perder tiempo si quería terminar temprano para descansar. Saltó entonces a su escritorio y sacó sus libros y cuadernos de su bolso para terminar todo aquello. Abrió uno de los libros pedidos a usar para el trabajo, llamado: "Nova Villa, historia y fundación", para continuar sacando información para el trabajo.

El trabajo debía tratarse de los hechos históricos más importantes ocasionados dentro de Nova Villa, con el fin de que los jóvenes estudiantes conocieran más de la historia local y como esta afecta al día de hoy, por lo que Walt debía leer muchísimo acerca de la historia y vida de Nova Villa para redactar su trabajo. Esto lo llevó a recordar todas las cosas "inusuales" pero ignoradas que hay en su ciudad, que Walt había conocido desde niño gracias a las historias que le contaban sus padres. Desde los secretos que ocultaba la antigua planta nuclear abandonada ubicada a las afueras de la ciudad, como las extrañas cuevas subterráneas patrulladas por los soldados , o la supuesta red de túneles secretos que usaba el gobierno en la década de los 50's.

Nova Villa tenía muchísimos secretos y misterios al rededor de su historia y creación. Sentía que vivía encima de un enorme misterio oculto ignorado por miles, y eso lo emocionaba demasiado.


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Historia original christopherb@christopherb.

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