(Walt Pekins, ilustración original)
Capítulo 1: El joven Walt
- Walt Pekins... ¿Ese tu nombre? - Preguntó aquél hombre.
- Si, ese es mi nombre.
- ¿Cuantos años tienes, niño?
- ¿Acaso importa?
- La verdad si, y mucho - Afirmó insistente.
- Tengo 57.
- Y yo conozco a Superman - Bromeó el señor - Niño escucha, no puedo aceptar esto, son baratijas y además... - Dijo mientras miraba los relojes, camisas y juguetes -... están rotas.
- Escuche, tampoco es que pida mucho... Aunque sea lo poco que valen.
- Lo poco que valen ¿eh? - Observó con delicadeza todo y luego se compuso - Te daré 100 por el reloj y 150 por las camisas. Los juguetes no los quiero.
- ¡Grandioso! Yo, yo... ¿Donde firmo? - Bromeó Walt.
- Okey, okey. Solo toma el dinero chico, no necesitamos tanta seriedad - Dijo mientras reía.
- Gracias señor.
- ¡He! ¡Pekins!
- ¡He! ¡Montesca! - Imitó de manera sarcástica a Michel - ¿Qué haces por aquí?
- ¡Pero si es que sí escuchas! Pensé que tendría que darte un golpe de realidad para que voltearas - Dijo mientras sacaba un chicle de su bolsillo para masticar - ¿No escuchaste que te llamábamos?
- Ni me di cuenta, ¿qué quieres? - Dijo Walt lo más directo posible, no quería seguir perdiendo el tiempo.
- ¡Wow! ¿Qué te pasa? ¿Cómo que "Qué quieres"? ¡Relájate! - Imitó Michel de manera burlona, mientras se disponía a lanzarse el chicle en la boca - Solo quería avisarte que a partir de mañana serás mi entrenador de Natación. Mis papás dicen que apesto nadando y que tu tienes talento, por lo que quieren que me enseñes. Yo sugerí un entrenador personal, pero no quieren a un viejo verde observandome en ropa de baño, por lo que entrenaremos mañana a las 2 p.m en mi alberca.
- No - Respondió Walt al instante - Dile a tus papás que contraten al viejo verde - Agregó Walt mientras se daba la vuelta y se marchaba.
- ¡Hey, hey! - Gritó Michel mientras jalaba el brazo de Walt, frenando - No es una petición, es un aviso. Mis papás llamarán más tarde a los tuyos, ellos no se negaran de seguro. Es una buena paga Pekins.
- No importa la paga Montesca, no quiero ayudarte a entrenar - Respondió Walt.
- ¿Qué te sucede? ¿Sabes a cuantos les encantaría asistir a mi alberca y estar conmigo una tarde entera? Además, tus padres y tu serían unos completos idiotas si no aceptasen un cheque Montesca - Escupió Michel alterado.
- No importa la paga Montesca, no quiero ayudarte a entrenar... - Repitió Walt -... y no quiero pasar una tarde entera contigo. Que asco. Además, en serio eres patético nadando. No importa cuando dinero me den, nunca lograrás nadar bien - Continuó agregando Walt - Y no aceptar tu "propuesta" sería una decisión inteligente, no idiota.
- También podrías pedirle a unos de tus "amigos" - Agregó Walt señalando a los chicos en la parada, quienes no dejaban de murmurar entre ellos y observar fijamente a Walt y Michel - Ellos de seguro morirían por ir a tu alberca y pasar una tarde entera contigo. Les encanta tu dinero.
- ¡Eres un idiota Pekins! - Explotó Michel - ¡Un idiota raro y mediocre! No ves más allá de tus narices ¡Trabajar para un Montesca es lo mejor que te podría pasar en tu vida! Además, por lo menos yo si tengo amigos, sabelotodo. ¡No tengo por qué sentarme solo para almorzar en el instituto y no tengo por qué colocarme solo en los trabajos y exámenes! ¡A diferencia de ti! No te hagas el mejor, cuando ni siquiera tienes a quien llorarle tus problemas. ¡H-hasta tus papás te odian! - Tartamudeó Michel desesperado, ya no sabía con que atacar a Walt - ¡Todos lo saben! Es más, no se ni por que sigues aquí. D-deberías matarte ¿sabes? Y s-si no lo has hecho porque no sabes como diablos quitarte la vida, hay libros que te ayudan. Si quieres te regalo uno ¡y-y te alejas de todos nosotros y nos d-dejas vivir en paz!
- No te enseñaré natación - Respondió al fin Walt - No quiero ni pienso entrar en tu casa ni mucho menos trabajar para ti, me das pena ajena. - Agregó Walt mientras se marchaba - Mis Padres me aman, para aclarar. No alardeamos en público para luego odiarnos y maldecirnos en secreto. No todas las familias son como la tuya Montesca. Según tengo entendido por eso es que tu hermana se suicidó, ¿no? - Fulminó Walt - Ah... Tal vez por eso buscas regalar libros para suicidarse como un desesperado, ¿cierto? Aun tienes el que usó tu hermana y no sabes como deshacerte de él.
- Adiós Montesca - Se despidió Walt.
- ¡Hijo! - Dijo su padre, Tomás - ¿Qué tal tu día?
- Hola pá, hola má - Saludo Walt a ambos - Fue tranquilo. Tras el colegio regresé a casa y saqué unas cosas viejas que iba a botar, pero aproveché y las lleve a la tienda del señor Watanabe - Explicó mientras se sentaba en la mesa y agarraba una galleta de un tazón - Tiene muchísimas cosas raras y divertidas allí, es genial.
- Así que por fin te acercaste - Respondió su madre, Blanca - Llevabas semanas queriendo ir.
- Sí, lo que pasa es que nunca había decidido que llevar - Agregó Walt - No quería ir solo a ver las cosas, quería tener una excusa para ir, ¿me entiendes? - Preguntó Walt riendo -
- Si, te entendemos - Respondió Tomás entre risas.
- Espero tampoco hayas llevado cosas de valor - Agregó rápidamente Blanca.
- ¡No, no! - Se defendió Walt - Eran dos camisas viejas y un reloj de bolsillo que no servía, ¿recuerdas? el que compré en esa venta de garaje hace unas semanas.
- ¿El que parecía victoriano? - Preguntó curioso Tomás.
- Sí, al final no resultó ser victoriano, solo era una muy buena imitación - Agregó Walt enter risas - Subiré a hacer unas tareas, nos vemos en 30 minutos - Dijo Walt levantándose de la mesa del comedor y dirigiéndose rápidamente a las escaleras.
-Claro, claro - Respondió Tomás - ¡Por cierto! Antes de que se nos olvide, llamaron los Montesca, preguntaron si querías entrenar a Michel - Dijo Tomás con una mueca. La simple idea de Michel Montesca y Walt entrenando le ocasionaba risa.
- Les dijimos que muchas gracias pero que no estarías interesado - Agregó Blanca entre risas resultado de la mueca de su esposo - Que discutiríamos la posibilidad de hablar contigo pero que lo más probable es que dirías que no, ya que el entrenamiento en sí y tus deberes en la escuela te mantienen bastante ocupado.
- Dijeron que llamarían después para escuchar la respuesta definitiva ,así que te preguntamos cordialmente, ¿quieres aceptar la encantadora y sublime propuesta? - preguntó sarcásticamente Tomás.
- No, no - Respondió entre risas Walt - Ya hablé con Michel, le dejé bien claro que no quería hacerlo.
- Está bien, - Agregó Blanca, entre risas - Cuando llamen más tarde les diremos que la respuesta es no. Que muchas gracias pero estas ocupado.
- Muchas gracias, los amo - Gritó Walt mientras se alejaba corriendo a su cuarto.