El Camino | Parte 3: Entre sus brazos

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Karina, el camino-1.jpg

(Karina, dibujo original)


Parte 3: Entre sus brazos

Mis manos me temblaban y mi pulso estaba a millón. El sudor corría por todo mi cuello y espalda mientras fundía mi pie en el acelerador, pensando en la situación en la que se encontraba Karina.

Ya me encontraba lejos de aquellos seres, siguiendo el mapa hacia Karina, mientras ojeaba rápidamente cada tienda del lugar para ver si encontraba alguna de armas abierta a esta hora, pero eso era imposible. Si ya de por si los locales en Puerto De La Cruz tendían a regirse por un horario difícil, cerrando temprano al medio día y abriendo luego a largas horas en la tarde, el que se encontraran merodeando y vandalizando la ciudad un grupo de extraños humanos no ayudaba.

Y siendo sincero, aunque me encontraba acostumbrado a visitar aquellas tiendas dentro de esos horarios, la increíble tranquilidad con la cual se encontraba moviendo la ciudad en esos extraños momentos me generaba horribles escalofríos. Ya que, más allá del cuidado extremo que estaban teniendo los ciudadanos al limitarse a estar encerrados dentro de sus casas, el haber estado rodeado de esos seres durante tanto tiempo sin haberme encontrado con, siquiera, algún policía o guardia nacional me tenía bastante cabezón. No encontraba razones para justificar que, dentro de una situación como esta, no me hubiera tropezado ya con guardias y tanques del estado arremetiendo contra estos individuos.

En ese momento varias explicaciones merodeaban por mi mente y es que, o los policías junto a los guardias se encontraban escondidos estudiando la situación para desarrollar una estrategia de ataque fuerte, o se encontraban muy ocupados evacuando al pueblo por algún secreto lugar alejado de mi ojos. Porque era eso, o que todos los guardias y policias estaban muertos.

Y siendo sinceros, prefería mucho más las primeras dos opciones.

Tampoco era muy lógico el que todos aquellos guardias se encontraran muertos ya que la ciudad no tenía rastros de alguna guerra armada ni de sus cadáveres. Habían cuerpos de civiles al rededor de la ciudad, como también varias edificaciones con ventanas y puertas de acceso dañadas, pero ni un solo rastro de uso de armas de fuego en la zona o de cadáveres de uniformados militares, lo que hacía aún más confuso para mi el entender lo que ocurría.

Mientras mantenía distraída mi cabeza con todas esas suposiciones e ideas, mi cuerpo se encargaba de llevarme a mi querido destino, el cual se encontraba cada vez más cerca. O lo estaba, hasta cruzar a la calle siguiente y encontrarme con cientos de esos bichos.

Juro por mi vida que es una imagen que seguiré recordando hasta mi muerte. Estaban allí, cientos de esas cosas, luchando por comer los cadáveres de los civiles que yacían en el suelo. Cientos de esas cosas mordisqueando y tragando carne y vísceras humanas. Padres y madres de familia, posiblemente hasta hijos, siendo devorados por cosas con forma humana, pero con alma de demonio.

Frené de golpe el coche y me quedé en silencio durante varios segundos, tratando de asimilar aquella espantosa imagen. No podía creer lo que mi ojos veían. No podía creer lo que me encontraba viviendo. No podía creer nada de lo que sucedía.

Me perdí en mis pensamientos y quede en un extraño lugar callado por 10 segundos, hasta que escuché como golpeaban el coche por fuera intentando entrar.


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Fue allí cuando desperté y retrocedí de inmediato. Alrededor del coche se encontraba una pequeña multitud de bichos intentando romper el cristal para comerme justo como a los otros civiles que no dude en arroyar. Solo tres de ellos se salvaron de ser aplastados y brincaron de inmediato en el capo del coche, arañando y golpeando para devorarme. Decidí acelerar lo máximo que me dio el coche, mientras intentaba tumbar a esos asquerosos seres del techo, a la par de un zigzag improvisado que empecé a hacer para culminar con el objetivo y aplastarlos luego en el piso.

Tras varios segundos de un zigzag continuo, logré tumbar a dos de ellos manteniendo solo a uno encima del coche. La única idea que se me ocurrió en el momento fue frenar de golpe para que este asqueroso ser saliera volando de mi techo, y aunque funcionó, aquella táctica arriesgada dejo dando vueltas como un trompo al coche, hasta estrellarme con un edificio. Salí volando por la ventana del piloto, y resbalé por toda la acera.

No recuerdo muy bien lo que sucedió después. Solo tengo flashes de lo que pasó.

Recuerdo estar en el suelo, con un fuerte dolor de cabeza. No sentía mis piernas y me sangraba la cabeza... Recuerdo disparos, lejanos, que cayeron encima de esos asquerosos seres... Recuerdo lo caliente del suelo, y como los restos de la ventana perforaban mi rostro y brazos...

Recuerdo su voz... aquella dulce voz gritando mi nombre. Era ella. Era Karina. No recuerdo como me encontró, pero lo hizo. Ella estaba con aquellos que disparaban hacia las bestias, ella estaba a salvo... como lo estaba yo ahora. Recuerdo que me preguntaba cosas, y que lloraba, pero no sé con exactitud que era lo que me decía. Me dolían mucho los odios también, debió haber sido por el impacto.

Lo que sucedió luego de eso no lo logro recordar. Se me nubla mucho la mente y no encuentro las pieza faltantes. Lo último claro que mantengo en mi memoria es a ella, mientras me abrazaba. Recuerdo su calidez, y su perfecto aroma. Recuerdo su cabello, aquel que no pude acariciar esa vez. Recuerdo sus ojos, vidriosos por toda aquella situación, y me recuerdo a mi, con ella, entre sus brazos.


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Historia original christopherb@christopherb.

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