Comienza a tomar protagonismo el efecto de los rayos del sol y su radiación ultravioleta, a la consabida necesidad de proteger nuestra piel de estos efectos hay que recordar como nuestros ojos necesitan protección, principalmente afectados somos los que los tenemos claros porque somos más propensos a una mayor sensibilidad pero no los únicos. Las cremas tratadas clínicamente protegen la piel de quemaduras y posibles cánceres de piel a través del daño causado por la radiación continuada y la destrucción o el daño del ADN de nuestras células. Recuerden que entre los meses de marzo a septiembre el sol en estas latitudes ahora europeas y en casi todo el mundo salvo en el propio ecuador afectan mucho más a nuestra rutina que el resto del año, igualmente es recomendable evitar las horas de máxima exposición que comprenden por lógica desde medio día hasta media tarde, el hecho de protegerse adecuadamente en esos periodos ya es un paso importante para evitar enfermedades de piel o evitar daños irreparables a nuestros ojos.
Pero quien menos lo espera estos daños se hacen extensivos a nuestros delicados ojos, son uno de los sentido digamos que más necesarios y hay que cuidarlos para que no se deterioren, los rayos ultravioletas causan deterioros en su composición y pueden derivar también en enfermedades como el propio cáncer o algunas otras menos drásticas pero igualmente invasivas y dañinas como cataratas u otros efectos menos conocidos. Cuidar nuestras corneas, retinas y demás partes de que lo componen se hace esencial y para ello usamos gafas de protección solar. Consulten con un profesional qué modelo de gafas protectoras solares necesitan para su lugar de residencia y la exposición solar que realizan al cabo del día, los grados de protección, los filtros que contengan o incluso el tinte de la lente que necesite su color de ojos determinarán los efectos que los rayos ultravioletas provocarán en el futuro de su vista tras el intenso y largo periodo primaveral y de verano.