Sobran las palabras para definir esta última semana dentro de este último mes y medio que llevo disfrutando de la familia pero es un continuo sueño del que no quiero despertar, insisto en que alguien me falta pero es tan necesario el descanso mental y sensorial que aún comprendo lo incomprensible de la ausencia.
La Isla de San Andrés comprende unas pequeños cayos que hacen aún más hermoso el territorio a descubrir y según vamos visitando la arena se hace aún más coral y el agua más turquesa intenso, sol, calor intenso y preciosas palmas que te recuerdan a esos Robinsones que se atiborraban de cocos para sobrevivir tras sus naufragios.
Pero la piedra angular ha sido la importancia fraternal, maternal y familiar que hemos vivido los seis y que nos ha servido para empaparnos los unos de los otros, no hemos descubierto nada nuevo pero sí que la distancia ya no será un obstáculo para el futuro y que cada vez que tengamos ocasión esto se volverá a repetir, la cena final mereció la pena, el blanco inmaculado necesario para disfrutar del mar y sus costas esa noche, la paz y el amor han sido el denominador común .
Besos
@chila