“El Dinero es poder”. Este principio mueve a la mayoría de las culturas del mundo. La gente se pelea por obtener riquezas; a menudo, poniendo en riesgo la integridad personal para poder vivir donde y como quieren y tener lo que desean.
En una cultura que adora el dinero, los creyentes en Jesucristo corren el peligro de hacer lo mismo. Algunos lo usan para controlar a sus familias, o tal vez amenazan con dejar de ofrendar a la iglesia si no se hace lo que ellos quieren.
¡Qué diferente a Jesús! Él tenía poder sobre las enfermedades y lo usaba para sanar a los enfermos. Tenía dominio sobre el mar y lo usaba para quitar el temor. Tenía capacidad para crear y alimentar a miles. Tenía poder sobre el pecado y perdonaba al pecador. Ejercía el control sobre su propia vida, pero la entregó voluntariamente para salvar a todo el que el que cree en Él (Juan 3:16).
Jesús disponía de todo el poder pero lo utilizaba para servir a los demás.
En el aposento alto, los discípulos lo llamarón SEÑOR; sin embargo, allí sólo fue siervo (Juan 13:2-17). ¡Él les lavó los pies! Cuando pedro protestó, Jesús respondió: “Si no te lavare, no tendrás parte conmigo” (v. 8).
En vez de usar el dinero o cualquier otra cosa para fines egoístas, utilízalo para servir a los demás. Esta es la manera correcta de ejercer el poder.
Mientras más sirvamos a Cristo, menos serviremos al yo.
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@Charlessup