Podemos imaginarlo todo, predecirlo todo,
salvo hasta donde podemos hundirnos...
E.M. Cioran
Jonathan Swift – Gulliver’s Travels, ilustración de Arthur Rackham (1899),” Los Struldbrugs
Con la mirada cansada perdiéndose en el espacio, El Inmortal retenía su inextinguible vida. Buscaba en su memoria las imágenes de aquellas caricias de mujer que se desdibujaban con celeridad, rememoraba el sabor dulzón del licor y el aroma del café. Forcejeaba inmóvil con su propia historia tratando inútilmente de atenuar sus miserias. Recordó el día en que por casualidad supo que había sido privilegiado con la vida eterna. Al saberlo, jugo a querer ser el primero en la ciudad, convirtiéndose en el principal ejecutor del desprecio. El apetito de poder se transformó en una ulcera sangrante que devoraba todo lo que se ubicara por encima de sí. Pactó con la envidia, la mentira, el rencor, el engaño y la muerte. Llegó a convertirse en el primero. Creyó, ingenuamente, que la ventaja de ser inmortal fue el salvoconducto para llegar al poder, desestimando la fuerza de la avaricia. Olvido que para obsesionarse con la dominación desmesurada sólo se necesita ser Hombre. Y poco a poco fueron apareciendo avaros envidiosos que lo desplazaron. En cuanto la fortuna lo abandono, y todos sus errores se volvieron hacia él, tuvo tiempo para volverse hacia sí mismo y con el miedo de quien se afronta a lo inesperado, vio su imagen reflejada en el espejo quien le devolvió un rostro avejentado.
Anulado por quienes lo exaltaron, el inmortal hoy yace sobre su lecho, envejeciendo cada vez más, arrinconado en un oscuro callejón de la ciudad sin que nadie reconozca a aquel vejestorio ciego, demente e imperecedero que fue condenado por la agonía de la eternidad.
Cecilia Dávila
14 de abril de 2002
PD: éste cuento fue escrito hace demasiado tiempo pero hoy lo recordé, quizá en algún momento lo publique en alguna red social, ya no lo recuerdo, me lo inspiraron Los struldbrugs del Los Viajes de Gulliver y hoy me permití publicarlo por ésta red.