Me acerqué y pregunté ¿qué te sucede, qué tienes, por qué me miras así?
Tu mirada era diáfana, intensa, profunda, gritando una verdad que moría en el silencio de tu boca.
Me acerqué más a ti y volví a preguntar ¿qué te pasa? y tú en leve susurro respondiste despacio y voz ronca "me pasa todo contigo", y acercaste tus labios fundiéndolos en los míos, latiendo a mil mi corazón.
Sin decir nada, ese beso reveló el más profundo amor no declarado pero inmensamente sentido.
El estremecimiento me despertó. Qué pena, así son los sueños, aunque parezcan reales, sueños son