El viaje transcurrió en silencio, tal parecía que tanto el rey, como Leia, estaban sumidos en sus pensamientos. Firent apuró el vuelo, pues ya se estaba sintiendo incómodo con el silencio. Solo un par de horas más tarde, divisaron el hermoso castillo de Arcadia.
—Ya puedo ver el palacio, señor —gritó Firent para hacerse oír por encima del rugido del viento.
A modo de respuesta, Fergus le palmeó el cuello en un gesto amable.
Para cuando aterrizaron en los jardines del castillo, tanto Leia como Fergus estaban sorprendidos con lo que vieron, se podía decir que casi todo el reino estaba presente ahí, con estandartes, banderines y música. Estaban celebrando que su rey había regresado.
Firent sonrió con complicidad mientras se acercaba a su gemelo y a todos los demás participantes de la misión de rescate que habían vuelto ya.
Leia sonreía de forma radiante mientras saludaba, muy contenta.
El Rey Fergus, por su parte, aunque sonreía y saludaba, se notaba un tanto incómodo y ruborizado, se acercó a Stephetrios, le susurró algo, y casi enseguida la guardia de centauros lo escoltó dentro del castillo.
Un enorme conejo gris, carraspeó la garganta, deteniendo con el sonido la música y la algarabía colectiva.
—¡Pueblo de Ternápolly! ¡Nuestro monarca ha regresado!
La multitud volvió a rugir. Una vez que se hubo calmado, el conejo siguió.
—Por ahora su majestad se ha retirado a sus aposentos a descansar, pero pronto estará aquí, frente a ustedes para saludarlos, sin embargo ha ordenado que no pare la fiesta. ¡Hoy la luz brilla sobre el País del Encanto!
De nuevo se escuchó la algarabía del pueblo mientras el conejo entraba en el castillo.
Las dríades Neffnea y Jiandrah, se acercaron a Leia.
—Ese de ahí es Smold —dijo Jiandrah, señalando al conejo que se alejaba—, es el portavoz del rey.
Las tres muchachas se dirigieron al castillo, abriéndose paso entre la gente.
—Esos de allá —continuó señalando a un grupo de hombres muy guapos, de diferentes edades y bonitos uniformes que bromeaban entre sí mientras bebían vino—, son elfos, pertenecen al consejo de su majestad. Aquellos duendes de allá, pertenecen a la arquería, pero debes estar cansada, así que será mejor que deje de charlar.
—Su majestad ha puesto a disposición de sus rescatistas, habitaciones dentro del castillo. ¡Seremos huéspedes del rey! —dijo Neffnea con emoción.
—¡Hurra! —exclamó Leia con cinismo.
—¿No te agrada el Rey? —preguntó Neffnea.
—Ni un poco, me parece demasiado arrogante.
—Es un poco pretencioso, sí, pero es muy buen monarca. Mejor vayamos a darnos una ducha para escuchar el discurso del rey más tarde.
Otra dríade mayor que las tres muchachas, las condujo por una serie de pasillos y escaleras, y les señaló tres habitaciones seguidas, diciéndoles que podían ocuparlas.
Dando las gracias se despidieron y cada una entró en la suya.
Cuando Leia cerró la puerta, recostado su peso en ella y se fijó en la habitación, quedó asombrada.
Era una habitación decorada de forma muy suntuosa, varios ventanales enormes, cerrados y con las cortinas corridas, dejaban entrar los rayos moribundos del sol.
En el centro de la habitación había una cama con doseles, y dispuesta sobre un diván, había ropa para ella.
La muchacha, se bañó y se colocó la ropa. Posteriormente se dirigió a una de las ventanas para asomarse por ella. Abajo todo estaba aún más animado, los Ternapolliános parecían felices.
Si bien se avecinaba la batalla final después de una larga guerra llena de pequeños y grandes crímenes, los habitantes del País del Encanto no parecían notarlo, o quizá, el hecho de haber recuperado a su monarca les había devuelto las esperanzas, porque era cierto que la pérdida de su fuente de energía, era un serio revés para Evanora.
Abajo había comunidades agrupadas por razas, aunque también se mezclaban para conversar entre sí. Estaban las hadas, hechiceros, elfos, gnomos, grifos, faunos, centauros, animales parlantes, duendes, dríades…
Alguien llamó a la puerta y después de que Leia diera permiso de entrada, ésta se abrió. Era Homone.
—¿Qué tal? —saludó—, todos ya bajaron y esperan que vayas, sin embargo su majestad ha solicitado tu presencia en el pabellón real. Por favor acompáñame.
La muchacha disimuló el fastidio que le provocaba estar cerca del rey, y siguió al centauro sin decir palabra.
Cuando hubieron llegado a las puertas dobles que precedían al pabellón y donde a cada lado yacían dos guardias, uno de ellos la anunció.
—¡Lady Leia, la elegida!
Abrieron las puertas y Homone le indicó que siguiera. Ella lo hizo y se quedó de piedra al contemplar al joven que la aguardaba, de pié junto a dos puertas transparentes que daban a un balcón.
El rey Fergus la contemplaba con gesto impasible, ricamente ataviado. Estaba limpio y ahora sí lucía como un rey. Debido al momento de sumo estrés en el que se habían conocido, Leia no fue consciente de su belleza hasta ahora que podía detallarlo mejor…
—¡Ven aquí, por favor! Te presentaré al pueblo como la heroína que eres —dijo extendiendo la palma de la mano, pretendiendo que ella la tomara, y además… ¿le había hecho un cumplido?
Ella se acercó y le tomó la mano, ruborizada. Él se giró hacia la puerta.
Unas trompetas comenzaron a sonar, anunciándole al pueblo que su rey haría aparición.
—Tranquila, no le haré saber al pueblo de tu incompetencia durante la misión. No quiero asustarlos —dijo y posteriormente esbozó una de esas sonrisas petulantes que sacaban de sus casillas a Leia.
Esta iba a replicar, pero las puertas se abrieron y Fergus salió al balcón con ella, tomada de la mano, obligándola a sonreír y saludar al pueblo que los vitoreaba.
Una vez que hubo silencio, el rey comenzó a hablar:
—¡Querido pueblo! ¡Mi pueblo! El día de hoy, la bruja Evanora, de Glespard ha sufrido un serio revés en sus planes, y todo gracias a nuestros valientes guerreros y a Leia, nuestra elegida —dijo abriendo los brazos y posteriormente señalando a Leia que, sonrojada, hizo reverencias a modo de agradecimiento mientras el pueblo aplaudía y silbaba—. El fin de esta guerra se acerca, pronto toda esta pesadilla verá el fin, tal y como recitó el gran oráculo, Colasark, señor de la luz.
—¡Qué viva eternamente! —gritó el pueblo al unísono en medio de gritos de júbilo.
—Un pueblo feliz, es un pueblo que ama, que está unido, que quieren y protegen a su rey, y que luchan codo a codo con él en la exterminación del mal —exclamó Fergus, casi rugiendo, exaltado, con los brazos extendidos a cada lado, empuñando las manos—. Por más calamidades que pasé, no caí y nunca caeré, nunca verán suplicar a su rey. Ternápolly se verá libre el día que caiga la bruja, y ese día llegará pronto. Les juro que ella caerá. ¡Juro hoy que después de la última batalla, les entregaré a una Ternápolly libre del terror, del hambre y de las sombras!
Gracias por demostrar que son el pueblo que cualquier monarca anhela tener. ¡Gracias por salvarme! Se los retribuiré.
La corona se mantiene en mi cabeza y así será hasta que la herede mi descendencia! —gritó con los brazos alzados al cielo mientras un rugido ensordecedor se oyó por todos los jardines del palacio—. ¡Disfruten la fiesta, beban, coman y bailen, mis queridos!
Se despidió con un gesto y volvió al pabellón. Leia fue tras él.
Después de oír el discurso del joven rey, sintió admiración por él, sin embargo, no era algo que iba a decirle.
—Puedes bajar junto con los demás, tengo cosas que hacer. Después me reuniré con ustedes. Espero disfrutes las fiestas del país. —dijo seriamente antes de salir, seguido de un grupo de elfos que lo aguardaban en las puertas.
Homone seguía allí.
—Y entonces ya no piensas que es un presumido, ¿no es así? —el centauro le preguntó a la joven que comenzaba a caminar junto a él, mirando pensativa el suelo.
—Yo nunca dije…
—Firent ya se encargó de contar a todo el que quiera oírlo sobre la misión, y eso incluye, claro está, la discusión que sostuviste con el rey —dijo Homone riendo ante la cara de incredulidad de Leia
—¡Es un chismoso! —exclamó enojada—. Recuérdame jamás contarle nada. Él asintió, riendo.
Leia se unió a la fiesta con Homone. La gente la saludaba y agradecía.
—¡Leia, llegas justo a tiempo! —gritó Glosark entre sus amigos—. Vamos a representar para el rey, la danza de las cosechas. ¡Debes participar!
—No tengo idea de que trata ni de como se baila —dijo la muchacha para excusarse pues, le daba vergüenza bailar.
—Es sencillo, nosotros los faunos tocaremos una melodía, ustedes las dríades bailaran y harán crecer los huertos del palacio. ¡A todo el mundo le gusta ver crecer las plantas y frutos! Tienes que hacerlo también ¡Al rey le encanta ver bailar a las dríades! Y es que ¿a quién no? —dijo animado.
—No sé como bailar esa danza, y apenas estoy aprendiendo a usar mis poderes, ¿te imaginas si hago crecer una sandía gigante, o si prendo fuego a la siembra? ¡Ni loca lo haré! —dijo Leia imaginando todo tipo de desastres y la vergüenza que sentiría.
—¡Neffnea, vamos, convéncela! —dijo Glosark riendo con sus amigos.
—Será divertido, Leia. Solo tienes que hacer fluir por tus dedos pequeñas cantidades de energía terraria y agua. En cuanto al baile, es cosa de magia, la danza no se aprende, sino que los movimientos fluyen en nosotras al escuchar la música de los faunos. ¡Debes ir familiarizándote con las costumbres de tu pueblo! —le dijo la hermosa muchacha con una sonrisa.
Leia suspiró y asintió. Todos gritaron de júbilo
—Sin embargo tengo miedo de hacerlo mal —dijo algo preocupada.
—La danza sale sola, los pasos de baile aparecerán en tu mente como si los hubieras practicado siempre y pues, si notas que las energías que haces fluir se descontrolan, suprímelas y entonces nosotras nos encargamos del resto. Lo importante es que disfrutes bailar con tus hermanas —saltó Jiandrah —. Iré por las demás. ¡Allá viene el rey!
El corazón de Leia se aceleró ¿por qué rayos estaba tan nerviosa?
Se giró y vio al rey Fregus acercarse lentamente mientras ayudaba a caminar a un hechicero muy anciano, hasta conducirlo a un buen lugar para que pudiera sentarse y ver el espectáculo.
Posteriormente, tras una reverencia, un fauno le indicó el camino al bonito trono de madera que le habían construido, y el monarca se fue a sentar, bastante sonriente.
Los faunos tomaron lugar a un lado con sus instrumentos. Los guardias encendieron las antorchas debido a que el sol empezaba a desaparecer. Todos estaban sentados y parados en torno a unos lindos jardines de cultivo, divididos por caminos de piedras, por donde las dríades iban a bailar.
También se veían guardias patrullando la zona por si sucedía alguna eventualidad.
—¡Vamos, Leia, apresúrate! —dijo Neffnea tomándola de la mano, y colocándola al principio de una fila de dríades ubicadas detrás de un sauce llorón. Luego ella se puso delante de Leia—. Cuando tomes posesión del liderazgo de las driades, estarás de primera en la fila, pero eso te lo explicaré después —dijo apresuradamente cuando vio que los faunos flautistas se llevaban sus instrumentos a la boca.
La música comenzó a sonar.
Este ha sido el nuevo capítulo, espero les guste. Gracias por el apoyo que he recibido y anhelo que les divierta leerlo tanto como a mi escribirlo.
La foto de Portada y despedida son mis diseños, las hice en el editor Canva