Subía un señor de aproximadamente 60 años de edad por los caminos duros de la montaña. En sus manos llevaba un par de cauchos de carro. De vez en cuando los rodaba, de vez en cuando los alzaba en sus brazos. Iba junto a él un hombre más joven, le hacía compañía más no le ayudaba a cargar con el peso de aquellas pesadas ruedas. Fui imprudente, tal vez sí, pero me preocupó la actitud de la juventud frente a los años blancos. Fui imprudente, sí, tal vez cuando sugerí al joven que ayudara a aquel hombre con cara de cansancio.
—No importa replicó aquel hombre, cargar el peso me hace bien porque estira los músculos de mis brazos que hoy tengo lesionados.
—No puedo, contestó el hombre joven, el peso me hace doler la columna.
Tampoco yo podía ayudar al señor, solo me animé para buscarle un poco de conversación. Se llama Jaime y se dirigía a un pequeño terreno que tiene por los lados de la montaña. Hablamos de todo un poquito, los adultos mayores tienden siempre gozan contando sus historias. El señor Jaime lleva cinco años en un ranchito que cuida con mucho cariño. Pasa los fines de semana allí y los otros días en su casa ubicada en la urbe, es herrero y lo conocen como careto, supongo que el apoo proviene de su enfermedad en la piel, tiene vitiligo . Está construyendo un baño para que su esposa pueda acompañarlo mientras él trabaja la tierra. Su deseo es pasar el resto de sus días en contacto con la naturaleza, el lugar que le brinda paz y tranquilidad. Ya sus hijos se han alejado, solo quedan él y su esposa en casa. Se siente feliz y satisfecho, no debe quejarse, así mismo lo afirma.
—Cuando gusten lleguen hasta mi casita, allí les mostraré lo que hasta ahora he construído.
Cuando descendimos luego de la larga caminata el señor Jaime, con un perol de agua fresca, nos esperaba en la puerta. Dijo que vio cuando veníamos bajando y por eso se apresuró a buscar el agua del manantial. Humildemente nos invitó a pasar a su morada, nos mostró el sencillo y acogedor espacio y extendió el discurso de su vida y de su llegada a ese lugar.
Muy orgulloso de lo que tiene, el señor Jaime nos invitó a compartir de su pequeño espacio. Pasamos otro rato agradable en compañía de un ser humano increíble. Allí estaban los cauchos, el señor Jaime sí logró llevarlos hasta donde quería, los años no le impidieron seguir siendo fuerte. Dios lo bendiga señor Jaime. Pronto estaremos de nuevo en su casa.
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@belkisa758. Fotos de mi propiedad, tomadas desde mi teléfono Samsung J7 en Caracas-Venezuela