En nuestro rostro el paso lento, pero inexorable del tiempo, va dejando sus huellas.
Los sentimientos, las pasiones, los recuerdos.
Los afectos y los rencores. Las nuevas vidas que van alentando la nuestra, ya gastada.
Lápiz y marcador sobre papel Las muertes que nos han marcado, o hemos presentido.
La tristeza que nos permitió reconocer la felicidad.
La fe, las ilusiones, las decepciones.
Los amores que nos atormentaron, los fantasmas que construimos.
El tiempo va alineando cada arruga, va ordenando cada surco.