La siguiente historia narra la vida de uno de los grandes patriarcas del pueblo de Israel, Jacob. Es una historia que llega a nuestros corazones, pues nos muestra a hombres y mujeres cuyas debilidades y errores se asemejan mucho a los nuestros, y nos demuestra que Dios en su misericordia perdona al hombre y que la fe en Dios logra superar nuestras debilidades.
Dios tiene preferencias en cuantos a los hombres, y se inclina a donde Él le place. En este caso, vemos a un Jacob que tiene en extrema importancia la bendición espiritual dada por su padre Isaac, mientras que Esaú no le da mucha importancia. En la antigüedad el primer hijo heredaba mayor bendición que los demás hermanos, y era considerado el líder sucesor. En esta ocasión, Esaú, por ser el mayor, debía heredar mayor bendición que su hermano Jacob. Podemos ver que Esau y Jacob eran mellizos, pero Esau salió primero, por lo tanto, era el mayor.