El abuelo de la playa siempre dijo que después de nuestros padres, incluyendo los abuelos, a todas las personas se les debe tratar por igual; se refería al respeto, a la consideración y la valoración; pues no sabemos en qué momento al que consideramos más pequeño, nos puede sacar de un apuro, nos puede dar una buena idea, o nos puede referenciar asertivamente ante otros.
La siguiente historia nos ayudará a entender el valor de estos principios. Otoniel de doce años, acaba de abordar el autobús de la escuela, pasará tres días y dos noches en un campamento de verano, con toda la clase del cole. Al llegar todos los estudiantes que sumaban 100; fueron organizados en grupos, para realizar diferentes entrenamientos a nivel de scouts, sería la primera de 4 incursiones, hasta terminar la secundaria.
Una vez llegar los recibió Martín, se presentó como el guardabosque, pocos jóvenes le devolvieron el saludo, ignorándolo y menospreciando por ser de baja estatura y de edad avanzada. Otoniel se acercó y le estrechó la mano, mirándolo con cariño. Y así sucedió cada vez que entraban o salían del bosque. Las cabañas de comedor y dormitorio estaban separadas.
Al segundo día cada grupo cogió una canoa, y luego de recibir instrucciones, aprenderían a navegar en los rápidos del río que pasaba por aquel bosque. Al terminar con éxito, regresaron a las cabañas y los compañeros no le dirigían la palabra a Martín; Otoniel, si lo hacía, pues con su padre tenían un código de honor de respetar a los mayores y, a las autoridades. -El saludo alegre, era uno de los indicadores-
Al tercer día tendían la prueba como grupo de ir hasta determinado tramo y regresar en contra de la corriente. Salieron algo tarde, ignoraron saludar al guardabosque; Otoniel pasó de largo, pero algo dentro le recordó su compromiso de honor; se detuvo, regresó y estrechó la mano de Martín. -Deseo que superen la prueba le gritó el anciano, cuando se alejaban.
Los cuatro compañeros estuvieron bien coordinados en la ida, pero al regreso un movimiento descuidado provocó que chocara contra una filuda piedra y se rompió la canoa, iniciando a hacer agua de inmediato, lograron llegar a una orilla y ponerse a salvo. Debido a que salieron tarde omitieron, firmar la planilla y los instructores llamaron a lista, verificando la llegada de las cuadrillas anotadas. - No tuvieron en cuenta a los accidentados-
En aquellos bosques había osos y lobos; los muchachos estaban en serios aprietos. Los 4 amigos estaban paralizados de miedo, pues les habían advertido de los peligros, si desobedecen las instrucciones. Al terminar la cena, el guardabosque llegó afanado y dijo: -oigan, hace falta una cuadrilla, el único niño que me saluda y conversa conmigo no lo vi regresar- verificaron, y era cierto.
Antes que oscurezca, deberían encontrarlos, estaban en emergencia. Encontraron a los jóvenes pálidos y con frío en una isla de piedra, estrategia sugerida por Otoniel, les dijo: -aquí en el río es más difícil que se acerquen los depredadores. De inmediato iniciaron el regreso y al llegar Martín abrazó a Otoniel, diciendo: -El Señor de los Cielos, los ha protegido, él escucha la oración sincera-
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