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1 de octubre de 2022
El artículo que publiqué describe la situación actual en la isla después de otro huracán.
Siempre ha habido huracanes, ciclones, inundaciones, con enormes daños
y largos y dolorosos apagones pero el pueblo "aguantava" consciente de que se haría todo lo posible por un pronto retorno a normalidad.
El problema es que la normalidad actual dista mucho de normal de verdad... normal.
La gente no sale a la calle por la falta de luz después del desastre, sino por el hecho de que antes faltaba.
A esto le sumamos la subida de precios, la depreciación de la moneda local, la escasez de mercancías en los comercios y el cuadro está completo.
Así que estamos ante la enésima gota que rompe el enésimo jarrón, por usar una metáfora.
También hay que tener en cuenta que la capital se ha librado, por ahora, casi de los apagones que aquejan a gran parte del país, Las Tunas y la zona oriental no han sido tocadas casi por el huracán, sin embargo, la corriente sigue estando allí todos los días. otra hora.
En Tunas 5 horas de corriente y 5 horas sin, en el campo peor aún.
Ian ha agravado una situación ya de por sí compleja, si se va la luz por un cataclismo natural entonces es normal que pueda haber algún problema, pero si ya faltaba entonces solo suma problema a problema.
En comparación con el pasado, la gente tiene menos miedo de expresar su disidencia, si tienen que arrastrarse por la calle, ruedan sin tener demasiados problemas.
Fidel se ha ido.
Por otro lado, ¿qué haremos si todos los días, en nuestros hogares, hay un corte de luz durante horas y horas?
Hasta ahora, salvo ese día de julio, el orden público se ha mantenido con cierta soltura pero, como decía el príncipe De Curtis, “todo límite tiene paciencia”.
Lo de los cubanos parece haber llegado a su fin.
Creo que el gobierno y los organismos competentes están haciendo todo lo posible, pero esto no necesariamente es suficiente para resolver los problemas.
Así que solo podemos esperar que las cosas se resuelvan de alguna manera, que los apagones terminen o se reduzcan a la mínima expresión y que las cosas vuelvan a algún tipo de normalidad.
Aunque “Cuba” y “normalidad” en la misma frase son uno
contradicción en los términos.