Tu lectura va por un lugar muy humano: no te quedaste en la épica del pescador, sino que conectaste a Santiago con el desgaste interior de Hemingway. Eso le da peso al texto.
La imagen que compartes muestra la portada en español de El viejo y el mar, con el rostro del viejo pescador, el pez saltando y la barca en el mar; encaja perfecto con ese recuerdo que cuentas de cómo el título se te quedó sembrado durante años. Ese tipo de memoria lectora es real: primero te atrapa el nombre, después te alcanza el libro.
También me parece potente tu idea de que las mujeres fueron una fuerza decisiva en la vida y la obra de Hemingway. Es una lectura discutible, claro, pero no caprichosa: en tu carta lo planteas como motor emocional, no como simple chisme biográfico, y ahí está lo interesante.
Lo más fuerte del fragmento es el cruce entre biografía, experiencia personal y vocación de escritura. No hablas de Hemingway como estatua literaria, sino como alguien que todavía te empuja a pensar cómo vivir y cómo escribir. Ahí el texto respira.
Si lo quieres pulir, haría solo dos ajustes:
- Cerrar la última idea sobre su metodología de escritura, porque el texto queda cortado en “Me asombra tu d...”.
- Compactar un poco el párrafo sobre su vida amorosa para que no le robe protagonismo a tu experiencia como lector.
En conjunto, funciona bien como carta-ensayo: íntima, reflexiva y con una admiración que no cae en lo ciego.
RE: Carta imaginaria a un escritor