Hacer que paredes hablen.
El arte un tema personal hecho por personas para personas.
El arte tiene un concepto subjetivo, por eso tiene diversos usos, pero si en algo coincidimos en el colectivo es en la insatisfacción de su uso en nuestro entorno, un entorno protagonizado por un desgastado rumor de apocalipsis.
Modificar el imaginario colectivo no es descabellado, no cuando de las artes se trata, es de hecho la responsable, acompaña a la humanidad en sus capítulos relevantes y si es necesario se anticipa.
Las artes visuales tienen la especifica misión de ofrecer una experiencia que modifique y desfase la cotidianidad a través de la vista, y así intervenir en la proporción de lo que es posible, replantear las distancias entre la contemplación el gozo y la fusión.
Lo complejo de la misión es proporcional a las ganas intensas de lograrla.
Todo esto está directamente condicionado por su entorno, hacer arte para mí, hacer arte para nosotros, hacer arte para Maracaibo, este proyecto es el resultado de lo que TRIFASICO tiene para dar y lo que TRIFASICO cree que Maracaibo necesita para funcionar, para vivir.
La historia de paredes que hablan es también la historia del primer proyecto del colectivo TRIFASICO, yo desde mi perspectiva contare la historia de este proyecto desde antes de que existiera, de lo que me motivo a mí, a Rony Reyes @ynor y Peggy Diaz
@peggydiaz a germinar este proyecto.
La primera aparición de nosotros como colectivo era un tema que para mitad del año 2017 protagonizaba nuestras conversaciones, el hacer lo convencional en una galería de arte o en un museo se nos hacía largo en cuanto a tiempo y frio en cuanto a espacio, a pesar de que la ciudad goza de espacios increíbles para el arte, pretendíamos un público diferente.
De intervenir en algunos pensamientos, preferimos que sea en la memoria del público más popular, ese que está dormido y que requiere todo ese contenido que creemos que puede despertarla.
Decidimos hacer un análisis de sitio para desarrollar una intervención urbana en muchos de los edificios coloniales que existen en la ciudad, Oriana Nuzzi una amiga y artista que conocí para esos días, amiga de peggy y rony, mientras hacíamos el montaje de nuestras obras en el salón jóvenes con fiaam en el centro de artes de Maracaibo Lía Bermúdez, en sus adyacencias, el centro de la ciudad, dimos una caminata de las más nutritivas para mi vista, un montón de espacios que habían mutado de su uso inicial para convertirse en el hogar de quien no podía escoger, -eso lo cambio todo-.
El intervenir no solo un espacio, sino el hogar de más de catorce familias y más de diez niños conlleva una responsabilidad más allá de lo personal, así el magnetismo nos llevó al antiguo politécnico Humbolt.
Algo que puedo testificar y además celebrar es la receptividad con la que en la comunidad del Humbolt nos recibieron y hoy día nos reciben, aun cuando no sabíanos como iba a terminar.
Una vez frente a este espacio, virgen para intervenir, comenzamos una serie de conversaciones de investigación que arrojaron todas las bases para modificar de forma exitosa el lugar, el Humbolt está compuesto por un gran pasillo que lleva a lo que fueron en algún momento aulas de clase y un patio central, unos espacios abandonados y otros usados como cocina y tendedero, la misión era transformarlo sin destruir nada, la cocina, su lavadero y su patio siguieron siéndolos, en nuestra mente cada espacio era ahora una cámara en que cada artista intervendría y transformaría en arte, -arte habitable-.
A partir de esto comenzaría el proceso de ejecución de dicha intervención, proceso en el que ahora se sumarian artistas visuales, músicos, camarógrafos, abogados activistas y más, todo un equipo multidisciplinario dedicado a dar luz a través del arte y la conciencia a esos metros cuadrados.
Fotografia, Ernesto Perez
Corrector: @Ariadnazerpa