Estacioné un avión de papel junto a la ventana,
no hay combustible y la imaginación no alcanza.
Necesito viajar por la estación de la memoria.
Y recuperar partículas de la infancia.
Aquella que intercambié por sombras de paja.
En algún espacio del hemisferio descansa.
El aire se divorció de mis frases y la calle atribuye su confianza.
Son días de aventuras.
Los cantos de aves se malgastan.
El tráfico de lujurias se complementa al pesimismo.
Comparte tus herramientas, no defraudas.
No hay nube que esconda verdades.
Ya tus manos no fabrican abrigos.
Aquellos que arropan la cólera y divagan por un terreno sin culpas.
El cielo es diminuto en tus pupilas.
En mis luceros hay espacio para el universo y parte de algunas rimas.
Si concilio la razón.
¿Dónde se refugiarán las cenizas?
De los sentimientos atentados por anarquistas.
Me aíslo en paredes manchadas de calendarios.
Los recuerdos saltando inquietos sin futuro que los equilibre.
Me comentan que el tiempo es ilusión.
Que el presente es un vicio inestable.
La felicidad solo dura un instante, ése momento en que vuelo por la vida.
Me despojaron los consuelos de mi garganta.
Múltiples direcciones fabricadas con interpretaciones.
Solo alberga la decisión del exilio entre universos o mi almohada.
Hay una línea de luz que oprime la oscuridad de mi alma.
Te juro que desconozco el amor.
Pero me crucificaría por fracciones de tus palabras.
Que lanzaron soga a mis oídos para recapacitar.
Los alientos se desgastan en consejos.
Tan ineficaces como creernos humanos en suelo de dioses.
No somos nada.
Es hora de dormir abrazando los segundos.
Anhelo cerrar el periodo y desvestir las experiencias.
No refutaré la idea de regresar.
Porqué en mi imaginación conquistó la verdad.
Y en la existencia navego en acertijos de piedad.
Aquello que intenté ser.
Complementó el mito.
Te dejaré volar, prometo verte en Júpiter.
O en el partir a nuestro origen.