Qué distancia hay entre usted y yo. La calma en esta casa se volvió tan fría, todo se a convertido en un silencio absoluto. Pero, han cesado las ganas de ir a su busqueda, es lo mejor para ambos según las razones que usted dejó en esa nota, adherida a la tapa del embase dónde guardo mis galletas favoritas. Ahora lo entiendo y lo acepto.
Si, desde tu partida renació la tristeza, me sentí tan desorientada como un cuerpo sin vida atrapado en el vaivén de las furiosas olas. Yo había olvidado por completo lo que era sentirse asi, ser realmente esto que soy. No soy fuerte como siempre he demostrado ser, soy débil, insegura y me cuesta tomar algunas decisiones....
Pero es necesario aclarar que no dependía de tu sonrisa o de tu mirada para estar bien, sí me acostumbré a tu compañía, a verte en el desayuno mientras mojabas el pan, en la taza de café como un niño o a tus estúpidas interrupciones cuando editaba un capítulo de mi libro. Por aquel entonces, creía estar experimentando a tu lado un tercio de lo que llaman felicidad.
Hoy, no podría negar que extraño muchas cosas de ti, incluso diría que extraño el ruido de esa música espantosa que escuchabas al pintar tus cuadros, el olor a cigarrillo, que por cierto se ha conservado en la habitación, te aseguro que esta vez nada de eso me molestaría. Pero ya es demasiado tarde...
Oh Señor de las 5 décadas, todo ha cambiado aquí. A medida que pasaban los días mi ansiedad aumentaba, veía con asombro como las paredes de mi habitación se hacían más grandes, como las personas con las que me relacionaba se estiraban y se movían como muñecos de goma, como si trataran de alcanzarme para golpearme, de hecho había momentos en los que me entraba el pánico y corría, entonces volvía a sentirme sola con todo este inmenso vacío que se ha quedado en mi pecho.
Y por la noche, cuando las estrellas comenzaban a titilar, lágrimas frías recorrian mis mejillas, recordaba todo y las palabras salian en susurro de mi boca, mientras observaba con tristeza una sombra gris que cubría un pedazo de la luna.
En esta distancia que provoco usted con sus acciones, me di cuenta que me desenvolvía lentamente ante la situación. Y comprendí que solo viví una corta ilusión a su lado, así como nacen los atardeceres y se van en cada noche.