Esta acuarela hace pareja con la que compartí hace unos pocos días de los jardines del palacio episcopal de Málaga; otra vista del patio pintada desde el lado opuesto. Y ahí se puede ver la famosa torre de la catedral de la que hablaba, pegadita al palacio. Era verano y había que tener las ventanas abiertas, así que me costó acostumbrarme a las continuas campanadas del reloj.