Atardecía en la dehesa, y el sol, escondido tras las ramas, iba dorando poco a poco el cielo. La llanura quedó bañada por un brillo cálido y etéreo. Las sombras se iban alargando. Y yo sentía que toda la belleza del mundo se concentraba en esta solitaria encina a contraluz.
Algunos detalles de la acuarela