La definición más concreta que tenia de lo que es temblar, la obtuve de esos pequeños descontroles que te dan por frio, donde el cuerpo se ajusta a los cambios climáticos como una medida de protección para tu ser. O aquellos que por miedo, por angustia te hacen sentir atemorizado y obligan a tu organismo a crear mas hormonas para ajustar ese poco dominio circunstancial en muchos casos. O simplemente los temblores de tierra, esos que en mi país son poco frecuentes pero que ocurren de igual manera.
El caso es que un temblor siempre es una sacudida del cuerpo, de la tierra y como en mi caso del alma. A mi hijo de 20 años le fue diagnosticado “Temblor Esencial” hace 8 meses, y desde allí ya nada es igual. Esencial, siempre creí que este término significaba que es importante y necesario, de manera tal que no se puede prescindir de ello. Es una palabra derivada del latín “essential” que se traduce como relativo a la esencia. Nada más lejano para el apellido de esta condición, no puede ser esencial para vivir no poder comer, cepillarte, escribir, o tareas tan cotidianas como agarrar algún objeto o hablar correctamente sin esfuerzo.
Entre más de 20 tipos diferentes de temblores, el esencial es el más habitual. Una de cada 20 personas con más de 40 años de edad y 1 de cada 5 personas con más de 65 años de edad pueden tenerlo. Si bien la edad media de inicio es de 40, este puede surgir por primera vez a cualquier edad entre la infancia y la vejez. A mi hijo le llego a los 20 años.
El temblor esencial es el efecto de una comunicación infrecuente entre estipuladas áreas del cerebro, contenidos el cerebelo, el tálamo y el tronco encefálico. La causa es desconocida, pero existe certeza de que en el caso de ciertas personas el trastorno es genético. Sin embargo, las personas sin antecedentes familiares de temblor también pueden desarrollarlo.
Mi alma se estremeció ante el cambio profundo de nuestras vidas como familia. Se fue la novia en primer lugar, tuvo según sus palabras miedo de convertirse en su “cuidadora”, se alejaron los amigos (nadie sabe cómo comportarse ante esto, a los 20 años). Claro surgieron otros, algunos desconocidos, personas nuevas, situaciones diferentes, aprendizaje tras aprendizaje. La solidaridad insospechada no se hizo esperar, oraciones compartidas, mensajes hermosos, palabras de aliento de fuerza y de Fe.
En realidad es un terremoto de cambios, de recordar hasta la última falla, de agradecer hasta el mínimo gesto, de valorar lo que realmente es impórtate y lo que ya no tanto, una sacudida a la templanza, a la fortaleza, a la capacidad de adaptación ante los cambios. Segura que renaceremos de nuevo, mejores, transformados por un temblor que no es esencia, que no es esencial en definición.. ..es para remoción del alma y así lo he entendido.