El cielo parecía un lienzo ese día. Los colores eran sólidos, con pocas nubes que opacaran esa obra magistral de la naturaleza.
Las gaviotas estaban revueltas, todo lo querían ocupar con sus alas extendidas. Y no parecían querer descender a este valle de lágrimas en que los seres (in) humanos "reinamos" y destruimos todo a nuestro paso.
El cielo es de quien lo ocupa y lo sabe aprovechar sin dañar. No hay dudas que nuestro no es. De los pájaros sin discusión, es el cielo del mundo.