Una de las cosas que hace única a Marrakech son sus colores.
Dice la canción que "Sevilla tiene un color especial", pues Marrakech no tiene uno sino varios.
Se dice que son cuatro colores los que conforman el paisaje de Marrakech: el rojo de las construcciones y de la tierra, el verde de las palmeras, la vegetación y los huertos, el azul del cielo ligeramente ocre de la arena del desierto y el blanco de la nieve de la cima del Atlas.
Caminar por el bazar es un deleite visual: los textiles, las lámparas, las especias, las artesanías, todo, todo es interesante. Una explosión de color y de sensaciones.
El ruido, la luz que se cuela por los techos calados de madera, los olores, las motos que pasan rozándote el codo, la velocidad...
La Plaza da las especias es un colorido micro-cosmos en el que se mezclan los olores de la paja de los cestos con el de las especias y la henna, un mundo de olores intensos y colores sin igual, cubierto de kilims y alfombras.
El gusto por el color y las combinaciones de vibrantes tonos alcanzan en Marruecos, como en la India, su máxima expresión.
En fin, es una ciudad que hay que visitar, pero eso si... os recomiendo tener paciencia! ;-)