Al día siguiente Jefersón, escucha el llamado de un guardia quien le indica que debe dirigirse al patio donde le aguarda alguien. Al llegar, sintió una alegría increíble y una vergüenza inmensa. Era su padre, ambos se abrasaron y lloraron por un rato.
Jefersón comenzó a contar el motivo de su detención, hubo un silencio como de cinco minutos, su padre se levanto y lo cacheteó, luego le dijo, no temas traigo un maletín lleno de dinero, "por el estas aquí", pues espero que te ayude a sacarte de este hueco.
Pasados quince dias , llego el día de la audiencia. Después de deliberar con el juez, el abogado logro bajar la condena de Jefersón y sus amigos, de 25 años a 4 años y 6 meses. Y con esta el traslado para otro centro penitenciario más seguro. Un golpe fuerte para su padre, el cual se despidió y marcho con el juramento de que no lo abandonaría jamas.
Jefersón y sus amigos fueron trasladados a un centro penitenciario de cristianos, el cual contaba con biblioteca y canchas deportivas. Para que los días se le hicieran cortos se dedico a estudiar portugués y a leer en el mismo idioma para poder comprenderlo mejor.
Aunque los cuatro años se hicieron eternos, Jefersón y sus amigos cumplieron su condena.
A las afueras del penal, le esperaba su padre y una nueva oportunidad para hacer las cosas mejor, de sus amigos jamás tuvo noticias.
Su vida nunca seria la misma, pero trataría de conseguir recuperar su tiempo trabajando honradamente. Regreso al abasto y el portugués volvió a recibirlo nuevamente, un día le pregunto donde había aprendido a hablar su idioma, pero Jefersón nunca contesto .
La experiencia en la cárcel le enseño que el dinero fácil te deja cicatrices en el alma imposible de borrar.