El tiempo, puede verse y sentirse como una serie de fotografías que, con el paso del tiempo, van perdiendo claridad. Podemos recordar los colores, olores y las sensaciones; casi como si nos regresarán a ese momento. Pero, no son para siempre, algunos se quedan en los archivos más antiguos de nuestra memoria y sólo salen cuando algo realmente fuerte nos lo recuerda. El tiempo se lleva todo, dejando a cambio experiencias, nuevos miedos, logros, metas y nuevos ‘yo’. A veces le temo, a veces lo aprecio. También en algunas ocasiones no lo suelo sentir y esa es de mis partes favoritas respecto al tiempo, pero cuando pasa lento y doloroso; ahí es cuando quisiera morir.
En curioso estar reflexionando sobre el tiempo, ya que hace unos meses atrás estaba pasando por una situación muy dolorosa, en la que sí o sí tenía que dejar que todo fluyera sin la necesidad de adelantar el tiempo o querer regresar. Ahora, me doy cuenta de que las cosas siempre siguen un camino que está construido con base a nuestras acciones y tropiezos. No podemos forzar las cosas, ni mucho menos evitarlas; todo forma parte del tiempo perfecto.
Dicen que los tiempos de Dios “son perfectos”, yo sigo sin entenderlo, pero me gusta cuando lo recuerdo…