Este concepto está compuesto por la palabra ‹‹hiper››, que, de acuerdo con la Real Academia Española, se define cómo: “Elemento compositivo prefijo que se une a sustantivos y adjetivos denotando superioridad o exceso: hipertensión, hiperactividad, hipercrítico, hipersensible.” Y de la palabra ‹‹barrio››, que se define como: “Grupo de casas o aldea dependientes de otra población, aunque estén apartadas de ella.”
Entonces, el ‹‹hiper-barrio›› es una comunidad que se encuentra en un estado de desarrollo superior en cuanto a tecnología apartado de la Metrópoli. Se basa en el concepto de “Estado narco” del autor José Luis Solís González, en el que desarrolla históricamente cómo a partir del neoliberalismo, una estrategia de la economía, los Estados se han transformado en narco-estados, es decir, en estados que se han transmutado en instrumentos de los intereses de los grupos económicos y financieros que controlan el país. Por ende, esta alianza narco-política ha conllevado a los narco-estados a continuar con la producción de drogas ilegales mientras que los gobernantes y proveedores permanece a cargo del narcotráfico. Como resultado, este sistema ha sido adoptado por los lugareños y productores que, de acuerdo con el autor Froylan Enciso, la glosa popular Sinaloense describe al crimen organizado cómo un mando de poder benéfico para la comunidad y la economía.
El hiper-barrio engloba, precisamente, una hipótesis distópica en cuanto a la problemática local de los suburbios alejados de las grandes ciudades, que están controlados bajo el mando del crimen organizado que provee y utiliza tecnología de manera no ética para su beneficio, principalmente, y el de la población. Así, se puede concluir que la noción de hiper-barrio es la high tech - low life del futuro de las regiones marginadas del país.