Cuando era yo estudiante de informática, una amiga me pidió opinión sobre esa carrera para ella. Yo le contesté: "si quieres te hago un test". Aceptó el reto. Ya yo había hecho eso muchas veces, pero esta niña resultó ser especialmente sobresaliente.
La prueba era sumamente simple. Abrí Windows y la puse a jugar Buscaminas.
De la velocidad con que entendiera las bases del juego y de la destreza con que lograra inferir, por sus propios medios, dónde estaban las minas, podía yo sacar en claro "lo que había".
Después de cuarenta minutos, parece que no había entendido nada. Las bombas le explotaban en la cara y no las veía ni en los escenarios más claros. Yo incluso le hacía insinuaciones sobre cómo debía razonar, pero ella no captaba nada.
Le dije: "Ya vi suficiente... Ya tengo un diagnóstico"
Me dijo: "Espera... Sólo necesito un poco más de tiempo..."
Cerré el juego y le dije:
Mira... Esta carrera definitivamente no es para ti. Tal vez deberías optar por Educación Preescolar o alguna otra carrera por esa línea.
Esto parece que la ofendió gravemente, porque no la volví a ver sino cuando ya ella estaba en el cuarto semestre de informática.
Me la encontré en el pasillo del instituto. Me dijo, entre sollozos, "Yo debí hacerte caso. Esto no es para mí. No me gusta".
Yo le dije:
Pero ya llegaste demasiado lejos. Termina esa carrera y luego estudias otra que te guste. Se me ocurre una carrera que para ti debe calzar como anillo al dedo.
—¿cuál?—preguntó ella.
Educación Preescolar.
Me miró... Me reí. Nos reímos...
Créditos del texto: Amaponian Visitor (@amaponian)
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